Con las respuestas a nuestro test ya pudimos conocer a fondo a LaRubiaProducciones. Pero por si acaso había algo más, nos hace este top10 con los discos que, según ella, han hecho de ella la Rubia con menos criterio musical de toda la galaxia.

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DIEZ DISCOS QUE HAN HECHO DE MI LA RUBIA CON MENOS CRITERIO MUSICAL DE TODA LA GALAXIA.

No tengo criterio musical. Y me vanaglorio de ello. Bueno, sí que lo tengo pero algo atrofiado. O muy variopinto. Vamos, existir existe, pero es difícil de definir o delimitar. Es más un batiburrillo musical. Y como tengo muchos años, la experiencia es un grado y me sale del funki, voy a comentar y apostillar 10 discos que, por estricto orden cronológico, han hecho que tenga este empane musical tan descomunal.

  1. Había una vez un circo. Gaby, Fofó y Miliki. Con Fofito (1973)

Hubo un comienzo. De donde nacieron todos los males. Podría decir que mi primer contacto con la música fue Chunga’s Revenge (un título, por cierto, de lo más apropiado para comenzar) de The Mothers capitaneados por Frank Zappa. Pero para bien o para mal, la desordenada y sobreexplotada gallina Turuleta que pone huevos allá por donde le salen, Susanita y su ratón golosón, los requetefinos Don Pepito y Don José que pasan por sus respectivas casas a saludar a las abuelas… han sido y serán siempre parte de mi animalario musical particular. Sentarte como un clavo a las 17.00h todas las santas tardes de la semana delante de un televisor en blanco negro para cantar con esta panda de chiflados no podía llevar a nada bueno. Una generación perdida. Pero siempre habrá alguien que sabrá qué responder cuando le pregunten: ¿cómo están ustedeeeeeeeeeeeeeeees?.  Además, en los cumpleaños, generación tras generación, se sigue cantando el felizfeliz en tu día amiguitoquediostebendiga. Y os la sabéis todos, no nos engañemos, aunque os hayáis vuelto agnósticos.

  1. Destiny. The Jacksons (1973)

Porque el funkinismo lo inventaron ellos. Bueno eso, y todo. Me trae aromas de noches de verano en Benidorm que hicieron que meneara el body  All night long y de ahí a la eternidad. De morreos sin saber qué hacer con la lengua…  De magreos incontrolados contra las columnas cuando me acompañaban a casa a la hora estipulada. La culpa del todo la tuvo el boogie ¿que no? Y así he salido de bailonga. En esa época, entre el Shake your body (down to the ground) de aquí mis amigos que sonaba a todo trapo en el cassette de mi hermano el pequeño y el blues atormentado que tocaba mi hermano mayor (apodado “el camionero”) en la habitación de al lado con su afligida guitarra eléctrica, en mis caderas siempre ganaban los que todavía eran de color negro (aunque realmente la que ganaba siempre era mi madre que quitaba los plomos cuando ya no aguantaba másnada el pique musical de mis hermanos).

  1. Breakfast in America. Supertramp (1979)

No sé qué hacía este disco en mi casa. Pero me lo agencié. Y me aprendí las letras de memoria. The logical song no tenía ninguna lógica pero me molaba. Y el pianico de Goodbye stranger siempre me hará silbar. En el colegio de monjas hacíamos gimnasia rítmica y siempre colaba una canción de este disco en las coreografías. Con mis coletas diminutas me sentía la Comaneci más molana del colegio. Todavía lo tengo en casa. Este sí que ha sobrevivido a mudanzas y rupturas sentimentales. Por algo será.

  1. Scary Monsters (and Super Creeps). David Bowie (1980)

Y ÉL entró en vida. Con su ojo a la virulé. O bicolor. Y ya no hubo paz. Era un marciano que hablaba con su abuela y el Major Tom en un mundo extraño. Y yo me di cuenta que también quería ser raruna. Tanta mierda me metió este pollo en mi tierna cabeza que he tenido que escribir una novela recientemente en la que los títulos de los capítulos de la misma son las 10 canciones de este disco. Lo peor (sobre todo para mis resignados padres) es que mientras otras chicas de mi edad tenían colgados a Los Pecos o a Leif Garrett en sus paredes, yo tenía a este ser andrógino, chalao, en todas las versiones de todos los personajes que se inventó: Ziggy Stardust, el Duque Blanco, Aladdin Sane (con su gota de esperma en la clavícula)…

  1. Speaking in tongues. Talking Heads (1983)

Ese año, otro David entró en mi vida. Éste algo más bailongo pero casi igual de zurrado. Y el año siguiente me fui como loca a ver la peli Stop making sense y no pude evitar bailar en el cine. Los espectadores de delante nos echaban miradas asesinas porque mi amigo Alfonso y yo no parábamos de mover toda la fila de sillas con nuestro baile de San Vito. Años más tarde, no pudimos tampoco permanecer sentados en un concierto – éste ya en solitario de David Byrne- que a alguien sin miras se le ocurrió organizar en un Palacio de Congresos. Hasta quemamos la alfombra con nuestros cigarrillos.

  1. Hatful of Hollow. The Smiths (1984)

La de inglés que he aprendido con ellos. Y con esa pronunciación tan de Manchester, my dear. Charming man, Hand in glove, Heaven knows I’m miserable now… Qué edad del pavo más dura y atormentada me hicieron pasar.  A pesar de las guitarras tan luminosas de Johnny Marr, las letras de Morrissey hunden en la miseria a cualquier adolescente enterrado en acné.

  1. Pop. Los Planetas (1996)

¿Y dices que son españoles? ¿Y por qué el bajo toca de espaldas? ¿Y es una chica? Y… ¿qué voy a hacer sin después de tanto tiempo no he dejado de….? Me tiré la fiesta de mi 30 cumpleaños dando la badila a mis amigos con este disco. Me sentí joven y trasgresora de nuevo. Hacían ruido. Los descubrí sin quererlo en un concierto que fui a la Sala Revolver. Teloneaban a una banda que, curiosamente, ni me acuerdo quiénes eran. Me dejaron clavada en mi sitio y con la boca abierta.

  1. Lateralus. Tool (2001)

Parabola y Schism. Y no hay más que decir. Bueno sí que Maynard es un pedorro insoportable. No los descubrí ese año. Fue más tarde, por el 2005 aproximadamente y mi vida musical  volvió a dar un giro. Otra vez encontré un grupo del que devoraba los libretos en busca de letras que me aprendía de memoria. Las melodías, la organicidad del bombo y el timbre tan especial y reconocible del simpático cantante. Místicos y arrebatadores. ¿Pero sale ya este año el puto disco o no? Al menos sé que en 2019 les volveré a ver en el Download.

  1. Leak of noise. Dieaway (2012)

Dieaway es el tiempo que tarda un sonido desde que deja de ser emitido hasta extinguirse dentro de nuestro cerebro… en esos 60 decibelios pasan muchas cosas que solo el alma sabe descifrar. Y eso lo sabe muy bien nuestro Floydian eye que fijatetúquécasualidad es uno de los temas de este disco.

Lo que más me ha aportado (y me sigue aportando) este disco y esta banda es que con ellos conocí lo que hay detrás de un trabajo así y abrí -más si cabe- mi ojo más floydiano. Tanto es así que me los hice tinta en mi ahora bello culo. Como cantara magistralmente Doña Concha Piquer “Mira su nombre de extranjero escrito aquí, sobre mi piel”.

El personaje de LaRubia salió entre sus surcos. El pasar de ser una mera consumidora (compulsiva, eso sí) de música en todos sus formatos (discos, conciertos, revistas especializadas) a buscar bolos, asistir a ensayos, conocer las condiciones de las salas, el acceso a los medios, la multiplicación de los festivales…. todo ello me llevó a escribir y vilipendiar la mierda de industria musical existente y lo desperdigada y desunida que estaba la escena.  Luego dejé de hablar y pasé a la acción pero bueno, estábamos hablando de este disco y no de mí.

Musicalmente es muy complejo. Yo lo sé porque no hay ni dios que pueda cabecear a gusto ninguno de sus temas: siempre utilizan tiempos muy rarunos. Sus letras vagan por un mundo tan onírico que te descoloca y ya no sabes si estás delante o detrás del espejo.

  1. III. Toundra (2012)

La canción de Araceli, la de la tormenta, la de los grillicos cri-cri, la de “no sin mi cuarteto de cuerdas”….. Este álbum lo tiene todo y más para ser una verdadera alhaja.  Desde un concierto memorable en la Joy capitalina en 2012 lo mío para con los toundritos ha ido creciendo, alcanzando cotas desmesuradas. De hecho temo que la carta con la orden de alejamiento me venga en breve. Pero nadie me va a cuestionar el hecho de que he tenido que asistir (y pagar) un porrón de conciertos para saberme de memoria sus letras. Es decir, no sería hasta 2015 cuando fui capaz de gritar el ¡¡HEY!! de Espirita en su justo momento. Yestoesasí.

Qué música más emocionante la de estos chavales. Tienen esas tonadas con todos sus arabescos (es escucharlas y este palabro se me aparece en la mente) que son para escucharlas con los ojos cerrados imaginando mundos paralelos. Cielo Negro es la canción que automáticamente doy al play los días de lluvia y atasco que me chupo en la N-II (y en invierno os aseguro que suelo vivir unos cuantos) e ipsofactamente me salgo del bus de la “conti” y divago por los campos y nubes de la meseta central, mayormente en lo que viene siendo el espacio aéreo del Corredor del Henares. Pero tengo que tener cuidado porque me remueve y me conmueve hasta tal punto que en los días del síndrome premenstrual no consigo oírla sin llorar. Y sin drogaína, oiga. Si en III estuviera Magreb (de su disco II) pues sería ya la repanocha hecha disco perfecto.

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