Hace tiempo que empecé a escribir un artículo. En él hablaba de los vídeos que podíamos ver en los 90 en España, cuando teníamos sólo unos pocos canales. En su introducción hacía referencia a distintos programas que hemos tenido en la televisión antes de que la Mtv fuera de acceso (relativamente) fácil. Pero nunca encuentro el momento ideal para retomarlo y terminar. Ahí hablaba de Tocata y Rockopop, de los que apenas tengo recuerdos. De repente entraron en acción Clip, Clap, Vídeo, también en TVE, y con la aparición de las cadenas privadas, La Quinta Marcha de Tele5. Las otras cadenas les dieron réplica con Leña al mono que es de goma y Ponte las pilas, copiando su fórmula. En los 40 (emitido en Canal+ en abierto), además de un programa semanal, creo recordar que había otro diario matutino. Por encima de todos, del que mejor recuerdo guardo es de Mtv CocaCola European Top 20, presentado por Hugo de Campos, que era la manera que tuvo Antena 3 de llevar la Mtv a las casas que no tenían ese canal. Aquello era a mediados de década, y de repente tengo un vacío importante en mi memoria (en el ámbito internacional, porque poco después conseguí acceder la Mtv, Mtv2 y VH1, ampliando horizontes en descubrimientos y gustos.

El caso es que ese tipo de programas, tanto de actuaciones (aunque fuera con el playback más flagrante) como de videoclips desaparecieron. O en el caso de los primeros, se transformaron. Y al más puro estilo de Miradatrás, la sección donde recordamos discos pasados, durante estos días nos han bombardeado con el decimoquinto aniversario de lo que para mí fue el TRIUNFO de lo mediocre: OT. Aquello fue el programa que cambió la mentalidad de muchos ¿artistas? potenciales. Era un experimento un año después de que se estrenara Gran Hermano en España donde a la convivencia se le unía el aliciente de la música y la interpretación. Aquel programa hizo pensar a una generación que yendo a la televisión se podían convertir en estrellas de la música de la noche a la mañana. No cogiendo un instrumento, aprendiéndolo a tocar y juntándote con gente igual que tú para pasar el rato y crecer… en todos los aspectos: el musical y el personal. No, aquello era largo y tedioso, y había que ir a lo fácil.

Todo era un producto bien cocinado. Preparado para conseguir picos de audiencia inimaginables por otros, y en el que todo vino seguido. Ya empezaban los tiempos de Napster y derivados, pero los famosos CDs de las galas de cada emisión eran unos fijos en los topmanta de la época. A eso se añadieron conciertos multitudinarios en grandes estadios, nuevas ediciones… hasta ocho en diez años. He mirado, por informarme, y la última gala de la primera edición tuvo una audiencia de 12 millones de espectadores. Todo se convirtió en una cadena complicada de parar. Sus concursantes iban a cualquier programa que se les pusiera a tiro, y en muchas ocasiones eran más noticia por sus relaciones más que por… ¿el qué eran? Ah, sí. Músicos, cantantes, lo que fueran. Si aparecías en un programa así y no pasabas por Crónicas Marcianas no eras nadie. Algunos de ellos se convirtieron en multiventas de la noche a la mañana, otros tuvieron que aparecer ligeros de ropa en algunas revistas para intentar atraer algo más de atención (¿por la falta de talento en lo que se supone que era un talent show donde te enseñaban a cantar?), también se convertirían en fijos de la prensa del corazón… incluso algunos pasaron a formar parte de jurados de terceros programas. Fue el principio del fin. He llegado a leer, en boca de algunos, que el término de triunfito les perjudicó, más que ayudar. Pero no dicen nada de todos los privilegios que tuvieron a raíz de su paso por la televisión. Tras ellos llegarían esperpentos como Factor X, Popstars, o El Número 1, y se daba vía libre a cualquier programa donde en teoría se buscaban talentos. Que en algún momento sí nos ofrecía algo de talento, pero en el fondo retozaba mediocridad en base a ganar audiencia. Todo valía para Tú Sí Que Vales, y si había que tirar de niños, se tiraba de ellos con adaptaciones como Pequeños Gigantes. ¿Más fórmulas? Crear este tipo de espectáculos para gente ya famosa. “Nos hacemos de oro si traemos a gente mediática y les hacemos hacer esto o aquello”. Mira Quien Baila, Mira Quien Salta, Tu Cara Me Suena“Si da igual lo que hagamos… como si les ponemos a freír un huevo” (en breve llega el Master Chef de los famosos, que tiemble la parrilla… televisiva). Triunfan los de siempre, que no nos engañen.

¿ESPAÑA ES HEAVY?

Y claro está, La Voz (Melendi se iría después de la primera edición a TVE con los abuelillos de Generación Rock… para volver después); también con edición infantil, que no hay nada mejor que explotar estas cosas, aunque nos llevemos niños con sus ilusiones por delante; pero quedan bonitos y muy emotivos en pantalla. Y llegaron con esas sobreactuaciones… en los tronos. Porque no se puede ser más forzado que los cuatro ¿coachs? a la hora de pulsar un botoncito para decir si te gusta o no lo que escuchas. ¿En serio hacía falta poner esas caras? Echad un ojo a la entrada de Wikipedia del programa (sí, ya sé que cualquiera la puede editar), y mirad la descripción de Bisbal, Rosario, Melendi y Malú. El primero, estrella internacional; los otros tres, artistas consagrados. Con la victoria de Rafa Blas se popularizó esa frase de Jesús Vázquez con las que a algunos todavía nos entran escalofríos: “¡España es heavy!”. Y todo eso y mucho más, empezó hace 15 años con OT: el principio del fin.

Un último apunte con el supuesto reencuentro idílico coronado con un concierto que decían que era especial. Apenas he visto imágenes, pero sí he leído unos cuantos artículos al respecto. La mayoría de ellos (y las redes sociales) están echando humo porque Bisbal le hizo la cobra a Chenoa, y no sé si eso es reflejo del país, de los medios actuales, de toda una generación o de que a la gente sólo le mueve el morbo. No sé en qué sitio (posiblemente en twitter, siento no citar la fuente) he llegado a leer algo así como que ha sido “una verbena de pueblo televisada en prime time”. En otros sitios, no muchos, he leído como desafinaron la mayor parte de participantes, tuvieron fallos, la pronunciación de algunos en los temas en inglés… Y todo eso ocurre un tiempo después de haber pasado por una academia en la que debían aprender a cantar. Si en cuatro meses no aprendieron, han tenido quince años. Y si eso no es suficiente, lo mismo es que aquello no era lo suyo. O que todo fue una gran mentira. O lo ya dicho: fue todo un producto (y no de nuestra imaginación precisamente). Y que lo de menos fuera, haya sido, sea y será la música. Digo todo esto desde el más absoluto respeto a quien se cuelga una guitarra (o lo que sea) y decide meterse en este mundillo. Que igual que OT ha cumplido esos años, yo a lo tonto, a distintos niveles y según épocas, llevo casi catorce escribiendo sobre algo que me apasiona. La pasión es ciega, pero hay que tener dos dedos de frente.

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