8.6Nota Final
Puntuación de los lectores: (6 Votos)
8.6

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“Ganamos tres Grammy con ese disco. Recuerdo hacer el discurso sobre el escenario, mirar a toda esa gente con esmoquin, diamantes y todo eso y pensar ‘Seguro que es el único disco hecho en un sótano que va a ganar un Grammy este año’. Y estaba muy orgulloso”. Esas palabras ilustran bastante bien el proceso de creación y grabación del tercer disco de FOO FIGHTERS. También hay que entender que no es lo mismo el sótano de una persona normal y corriente al estudio que se pueda montar un músico como él. En cualquier caso, se pueden ver en el documental ‘Back and Forth’, que también ilustra muy bien la etapa de finales de los 90 por la que pasó el grupo.

‘There Is Nothing Left to Lose’ fue el punto de inflexión donde la gente (público y crítica) se dio cuenta de que aquello era algo más que el proyecto que se había montado el ex-batería de NIRVANA para cantar y tocar la guitarra. Le llevó su tiempo, pero consiguió labrarse una carrera por su cuenta, que a día de hoy sigue aumentando en popularidad. A una buena carta de presentación le siguió un más que decente ‘The Colour and the Shape’, donde entre los cuatro singles que sacaron, dos destacaron: ‘Monkey Wrench’ y ‘Everlong’. Pero no corrían buenos tiempos para Grohl y los suyos con la accidentada y polémica salida de William Goldsmith por la puerta de atrás; aunque eso le trajo a Taylor Hawkins a la batería. Pat Smear también dejó la formación, por voluntad propia, al poco de empezar la gira de su segundo álbum. Su sustituto fue Franz Stahl, antiguo compañero de Dave en SCREAM… pero no duró ni dos años. El líder de Foo le echó por diferencias creativas a la hora de componer su tercer disco. Durante ese proceso, el bajista Nate Mendel llamó a Grohl para decirle que también se iba para volver con SUNNY REAL DAY STATE. Un día después se arrepintió, y entonces sí, el entonces trío se puso manos a la obra.

Igual que el éxito anterior se sustentó en hits, explotándolos con sus vídeos tirando de humor, aquí no cambiaron la fórmula. A pesar del buen puñado de singles editados, hubo un par de ellos que sobresalieron. Todavía siendo un trío, ‘Learn to Fly’, con cada uno de los músicos haciendo varios papeles y la aparición estelar de dos buenos amigos de la banda, Jack Black y Kyle Gass de TENACIOUS D; medio tiempo melódico, sencillo, directo y con gancho. Y ‘Breakout’, más rápido y con un punto rabioso al final, que gracias a su inclusión en la banda sonora de ‘Me, Myself and Irene’ consiguió todavía más repercusión; además, por primera vez se veía a Chris Shiflett. Luego repetiría en el falso directo de ‘Generator’, editado para uso promocional y con el uso del talk box en su introducción y la espacial ‘Next Year’ con su aire retro. Por otro lado, ‘Aurora’, ‘Headwires’, ‘Ain’t The Life’ y ‘M.I.A’ seguían los mismos patrones y repetían estructura. De manera parecida pero con un aire más guitarrero teníamos ‘Live-In Skin’. Más contundente, distorsionada y en otra afinación estaba ‘Stacked Actors’ (que en directo hubo una época en la que aprovechaban para marcarse un duelo de percusión), y a pesar de que muchos se han olvidado de ella, ‘Gimme Stitches’ tenía todos los elementos para haber sido otro éxito, con un ritmo simplón pero que te hace mover la cabeza (o el pie) nada más escucharlo.

La catapulta definitiva sería la gira junto a RED HOT CHILI PEPPERS, con su exitoso ‘Californication’. Se harían más grandes con ‘One by One’, más todavía con ‘In Your Honor’ a pesar de obtener peores críticas, y tras ‘Echoes, Silence, Patience & Grace’, uno de sus trabajos más flojos, después de su mastodóntico concierto en Wembley ya con Pat Smear reintegrado en sus filas, se tomaron un descanso. No tardaron mucho en volver, con ‘Wasting Light’ (producido por Butch Vig), con el documental citado al principio de esta reseña, y una nueva gira. La ambición sin límites de Grohl hizo que se adentraran en una serie documental (después de un tiempo prudencial) acompañando el lanzamiento de ‘Sonic Highways’, un trabajo cuyas ocho canciones fueron grabadas en ocho ciudades distintas (lo desgranamos en distintos reportajes). Los periodos de actividad y descanso se hicieron una constante, y ‘Concrete and Gold’ puede que no esté entre lo mejor de su discografía, pero sus directos siguen mereciendo muchísimo la pena; aquí el de la última edición de Reading.

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