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Decir que ALICE IN CHAINS es una de las bandas más icónicas de los 90 y de Seattle no es nada nuevo. Tampoco que la voz de Layne fuera una de las que marca una época, de esas que con escucharla un segundo ya la reconocías de lo personal que era. Muchos años han pasado desde entonces y vivir en el pasado, estar anclado en la nostalgia, no sirve de nada.

Tres discos grabó la banda con su vocalista original, además de un par de EPs y su mítico ‘Unplugged’ en pleno descenso a los infiernos por parte de Staley, antes de entrar en un descanso indefinido por los problemas de adicción de éste, que terminaría muriendo en abril de 2002 por sobredosis; nueve años después ocurría lo mismo con Mike Starr (bajista original). Cuando parecía el final del grupo, cuatro años después del suceso, Jerry Cantrell, Mike Inez y Sean Kinney se reunían con el cantante de COMES WITH THE FALL, William Duvall, para iniciar una gira de reunión. Todavía recuerdo verlos en Lisboa el mismo 2006, en su primera aparición en Europa en trece años, y la atmósfera que se respiraba era mágica, con una gran pancarta que venía del público, pero extendida al final del show por sus miembros en el escenario, que rezaba “… Alice in Chains Born Again”. Y es que por muchos que algunos les haya chirriado la idea de tenerlos de vuelta sin Layna al frente, esto ha sido un renacer total.

Desde su formación hasta el parón obligado transcurrieron nueve años. Y desde su vuelta hasta hoy, con esta nueva formación, doce. Con los mismos trabajos grabados por unos y por otros. De acuerdo que las comparaciones son odiosas, más si tenemos en cuenta la voz prodigiosa que se perdió, pero se puede decir que ALICE IN CHAINS pueden ir con la cabeza muy alta siguiendo adelante con su carrera. ‘Black Gives Way to Blue’ fue una vuelta por todo lo alto, y aunque ‘The Devil Put Dinosaurs Here’ no dejó un sabor de boca tan bueno, parece que han retomado la buena senda con ‘Rainer Fog’.

Puede que suene contradictorio con lo expuesto anteriormente de vivir en el pasado, pero la banda volvió a grabar en su ciudad de origen por primera vez desde 1995, año en el que editaron su álbum homónimo, repitiendo en los Studio X (anteriores Bad Animals)… aunque posteriormente se supo que hasta otros tres estudios fueron utilizados para distintas pistas. ¿Nostalgia en el primero de los casos? Quizá se pueda respirar en algún momento, pero como también decía, el grupo está más preocupado del futuro que de su pasado; o si lo hacen, es para mirar con más seguridad hacia delante. Y eso que si hay algo que se puede decir de ‘Rainier Fog’ es que suena a AIC por los cuatro costados.

Lo que se ha ido evidenciando con el paso del tiempo es que por mucho que la imagen de Layne pesara lo suyo, esto es el grupo de Cantrell, tomando la voz cantante (en todos los sentidos). Y desde que volvieron a grabar nuevas composiciones, tanto su guitarra como su voz han servido para ser la seña de identidad que ya tenía hace más de dos décadas. A ‘The One You Know’ me remito, que sirvió como primer adelanto y que además, pudimos disfrutar en directo a su paso por el Mad Cool (aquí podéis leer nuestra contracrónica). Ese riff simple pero con gancho, esa voz melódica y por momentos dolorosa, esa atmósfera oscura y atrapante… Todo eso son ingredientes básicos para cualquiera de sus composiciones, y conseguían su propósito. Lo mismo ocurrió unas semanas después  con ‘So Far Under’, igual de pesada para más elaborada y con un estribillo que incita a la decadencia. Como tercer as en la manga, ‘Never Fade’, bastante más dinámica y con un aire más positivo… a pesar de estar escrita por Duvall con Chris Cornell, su abuela y Layne Staley como inspiración. Estas dos últimas, además, han sido las dos mayores aportaciones de William al álbum, encargándose incluso del solo de guitarra final de la primera de ellas.

Con la escucha completa encontramos muchos más momentos brillantes. El tema que da título a este trabajo (inspirado en el Monte Rainier de su ciudad) es una oda a lo que han sido, lo que serán y lo que fueron sus compañeros de escena (“… you’d never know a long time ago you were crowning Thinkin’ it over It’s raining down, and somehow you know)… y de banda (“…with you here we shared a space that’s always half empty”), rememorando cuando la ciudad de la lluvia fue el foco de atención de toda la música a principios de los 90. En algún momento rememoran su buen gusto por lo desenchufado, como demuestran en ‘Fly’ y ‘Maybe’ (pedazo de solo que tiene ésta); y también cogen la acústica en el tramo central de ‘Drone’, tocada por Chris DeGarmo de QUEENSRYCHE (viejo amigo de Cantrell, y colaborador en su etapa en solitario), a pesar de que la distorsión y las guitarras cortantes reinen en ella; y también en una emotiva ‘Red Giant’. Entre los cortes restantes, un par de medios tiempos a su manera. ‘Deaf Ears Blind Eyes’ suena solemne, ‘All I Am’ es una pieza de más de siete minutos en la melancolía se adueña de sus compositores (especialmente en su tramo final), para cerrar de la manera más sentida posible, poniendo en el mapa de nuevo a la ciudad y al grupo. ¿Es cierto el cliché de “… cualquier tiempo pasado fue mejor”? Bueno, el peso de sus obras más destacadas va a estar ahí, y la sombra de Layne será de lo más alargada, pero que tres décadas después sigan editando discos como éste es como para celebrarlo. Esperemos que sigan por muchos años más, porque siguen haciendo falta. Si queréis ver como se las siguen gastando en vivo, aquí tenéis un directo reciente.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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