Las últimas semanas han sido de lo más movidas en cuanto a confirmaciones de todo tipo en los principales festivales en territorio nacional. Sin despreciar a muchos otros, tomo como ejemplo dos más que asentados, Resurrection Fest y Leyendas del Rock (ambos van a por su undécima edición); y dos que en terrenos distintos, buscan hacerse hueco en su ámbito, como Rock Fest Bcn y Be Prog! My Friend. No queremos dar más protagonismos a unos u otros, ya que cada uno tendrá su público. Pero los cuatro seguro que se sienten identificados en varios puntos de los siguientes.

Hay alguien que sufre en silencio: la figura del community manager. Esa persona detrás de una pantalla, representante de la organización de cada uno de esos festis, y cuyo mayor arma debe ser la paciencia. Junto a ella, la educación y el saber estar. No debe ser fácil lidiar con cientos de comentarios al día, especialmente en semanas de anuncios importantes. Y lo que sigue sin entender la gente (con una total falta de empatía), es que esa persona (o personas) detrás de un ordenador no pueden ir respondiendo TODOS Y CADA UNO de los mensajes que les llegan. No amigos, por mucho que seáis un asistente potencial a esos festivales, no sois el centro del mundo. Tampoco vuestra duda es más importante que la que se ha escrito antes que la vuestra o la que vendrá después. Es más, es muy posible que si bajáis un poco en esa larga lista de comentarios… ¡oh, sorpresa! Es la misma duda que teníais vosotros y que ya resolvieron anteriormente. ¿Qué es su trabajo? Efectivamente. Pero es un problema que ya tocamos de refilón en este otro artículo: cuánto más tiene la gente que leer, menos lo hace. Van a lo inmediato, al aquí, ahora, y porque yo lo valgo. Eso significa que antes que leerse todos esos comentarios que hay publicados, es más fácil poner otro (repetido) y quejarse de no resolver su duda. Vivimos en una época en la que se hace notar más la gente inconforme que la que le da por alabar y ensalzar las cosas buenas (de lo que sea). ¿Qué lleva a que una persona sea más impulsiva de manera negativa que positiva? ¿Os suenan de algo frases como éstas?

  • “¿No hay otros grupos para traer?” – “Os repetís más que el ajo”
  • “No apostáis por grupos nuevos” – “Tenéis un cartel de lo más previsible”
  • “No me gusta el cartel. Prefiero (insertar aquí tus grupos favoritos)”
  • “Habéis renegado de vuestros principios, os habéis vendido”
  • “¿Cuándo anunciáis más bandas? ¿Ahora? (…) ¿Ya? ¿Esta tarde? (…) ¿Mañana? ¿Antes de que termine el año?” (Todo de manera compulsiva)
  • “¿… Y ya habéis publicado todo el cartel? ¿A falta de X meses para que se celebre?”

Son sólo unos pocos ejemplos que podemos leer en prácticamente cada publicación de sus redes sociales; Facebook, en este caso. Dentro de todos esos comentarios, hay usuarios a los que se ve de lejos. Los que se fijan más en los cinco grupos que no les gustan de treinta que se han dado a conocer, que en los veinticinco que sí. Inconformistas y quejicas. Vendrá gente a decir que cada uno es libre de expresar su opinión, de estar o no de acuerdo y poder decirlo. Yo eso lo respeto. Lo que no me entra en la cabeza es en buscar una perfección en la concepción de un cartel que nunca va a existir. Es más, si existiera, ¿pensáis que podríais ver a TODOS los grupos que os gustan en esos dos/tres días? Ya os digo yo que no. Si el cansancio, el hambre o la sed no hacen acto de presencia, será el solapamiento de grupos. “Joder, es que justo dos de los que quería ver tocan a la vez”. Es lo que ocurre cuando se montan festivales con este número de bandas; y si no ocurre con dos que te gustan a ti, será con otros dos que le gustan al amigo con el que vas. Porque después están apuestas valientes como la del Be Prog! My Friend, que en 2016 verá su tercera edición, con shows completos (o casi) de cada uno de los grupos anunciados (más otros cuatro el día anterior en la sala Apolo), que ha evolucionado en su concepto cada año, pero ¿adivináis? Ya vendrá el listo de turno a decir “… es un cartel muy corto. Me falta este, otro y aquel de más allá, el que ha editado una demo de tres temas hace dos años”. Es imposible satisfacer a todo el público. ¿Tan difícil es que lo entendáis?

Seguimos con algunos de los problemas expuestos. Recuerdo hace por lo menos diez o quince años, cuando internet empezaba a estar en cada casa, que una queja generalizada era la de ir siempre por detrás en cuanto a anuncios europeos; a siempre coger lo sobrante una vez los grandes festivales habían dado a conocer sus pesos pesados. Eso ya ha cambiado, y antes de que termine 2015 ya tendremos varios de nuestros carteles cerrados (o muy bien encaminados y rellenos). Y a pesar de todo, habrá alguien que salga con la cantinela de “… ¿pero no os queda nada por confirmar? Muy mal”.

El venderse también está a la orden del día. Me pregunto si piensan de la misma manera los alemanes que fueron hace treinta años al primer Rock am Ring, veinticinco años al primer Wacken, o los franceses que estuvieron presentes hace una década en el Hellfest original. Tres de los festivales a los que todo el mundo quiere ir alguna vez en cuanto ven parte de un cartel que también solapa multitud de conciertos, que también tiene variedad de estilos en su cartel a pesar de haber empezado orientados hacia unos u otros sonidos. Igual que aquí. Que no me meto a valorar otros aspectos (precio, instalaciones, ambiente…), aunque podría. Porque todo se puede mejorar, y varios de ellos hacen autocrítica para no cometer los mismos fallos de un año para otro. Por ejemplo, algunos de los vídeos que ilustran este texto (con algunas actuaciones que veremos en 2016) son de streamings de festivales extranjeros; algo que no estaría de más por aquí. Pero en algo tan sencillo (y actual, que es lo que nos ha tocado estos días) como son el número de grupos, sus estilos y calidad, es más fácil criticar lo que nos pilla a mano y ver lo de fuera como el paraíso terrenal. Algunos deberían saber que la idea de cualquier promotor y festival debería ser la de crecer, y la de ser lo más rentable posible en cada edición. Con más riesgos, con menos, yendo a tiro seguro en algunos casos, pero con una meta: la de no estancarse. Y para eso hay que ser cada día más competente o te comen los demás. Si eso pasa por traer un cabeza de cartel cuyo nombre reluzca (y sea más cabezón que cabeza), pues se apuesta por ello; si no arriesgas, no ganas. Y por cierto, esto no deja de ser una fórmula tan sencilla como la de la oferta y la demanda. ¿Pedís esto? ¿Lo pedís otra vez? ¿Una vez más? Pues lo traemos, porque compensa. Y no hay que olvidar que una banda rentable en UK, Alemania o Francia lo mismo aquí no lo es tanto; y no se van a bajar su precio sólo porque en España no les siga tanta gente. O que para que lo sea, quizá hay que darle la oportunidad, trato y lugar que ocupan en esos países para que aquí (que siempre hemos ido algo retrasados respecto a otros sitios) también lo sean. Sigo tirando de ironía (de la que menos mal que muchas veces hacen gala los CM, con sus grandes dosis de buen humor), y es que ese reclamo grande en forma de grupazo para miles de seguidores es usado como argumento de “… el caché se os va en él, y descuidáis el resto; podríais traer diez bandas de segundo nivel por ese precio”. Si por el contrario, no estuviera esa banda grande y sí las otras diez, “… os falta un grupo principal que atraiga. Entre lo demás sólo me gustan tres”.

La presencia de grupos españoles también es algo que da que hablar, tanto para bien como sobre todo para mal. Si van grupos consagrados, porque estos no dejan hueco a los nuevos (también aplicable a los de fuera. Pero si llevan diez o veinte años en esto, ¿no se han ganado el derecho y su status?). Si van grupos de corta trayectoria, es que falta nombre entre ellos. No hay término medio. Si hay muchos, porque “a esos los podemos ver cada fin de semana por aquí, traed grupos de fuera”; si hay pocos “no dais oportunidad a la escena estatal”. En definitiva, cada persona lleva dentro un promotor que haría un cartel distinto exclusivamente en base a sus gustos. Lo que no entiendo es que no haya más festivales con la cantidad de mentes pensantes que andan sueltas por el país. Emprendedores del país, ¡uníos!

Muchos de esos comentarios, además, vienen aderezados con mil y una faltas de ortografía con la que muchos CM seguramente estén perdiendo su sentido de la vista a costa de cada día sus ojos sangren un poco. Y buena parte de esas opiniones, tomándose como algo personal esas noticias, con una total falta de respeto hacia el trabajo (a todos los niveles) que hay detrás. Así que lo siento, mis queridos Community Managers. Pero no me gustaría estar en vuestro lugar estos días. Además de admirar vuestra labor, os compadezco.

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