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A finales de enero me llegó un mensaje personal de uno de los miembros de DOCKA PUSSEL: “Necesito tu dirección postal para mandarte nuestro trabajo como regalo por tu pasión por la música. Queríamos tener un detalle contigo, y si te sirve de algo, se te echa mucho de menos”. Puede que sea un sentimental, pero que en 2018 siga habiendo gente honesta en el mundo de la música a estos niveles, se agradece. Mucho. A veces quizá demasiado por no abundar tanto como debería; cuando la encuentras te acostumbras a ella, y cuando falta la echas el doble de menos. Efectivamente, unos días después tenía en mis manos una copia física de ‘Animal Queendom’, disco que habían conseguido financiar a través de una campaña de Crowdfunding que presentaron el pasado otoño. Un año antes de esa campaña ya os habíamos presentado al cuarteto sevillano a través de una de nuestras secciones, con la lista de 10 temas que nos hizo Ojka (guitarra) de su banda sonora.

Esos artículos, aunque en la mayor parte de ocasiones fueran individuales, servían a la perfección para descubrir influencias de las bandas. Esa pregunta típica y recurrente de “… vale, ¿pero a qué suenan?” encontraba una respuesta, a veces directa, en ocasiones ambigua, pero servía en muchas ocasiones para describir a los grupos. El caso es que con DOCKA PUSSEL no valen demasiado las etiquetas; o sí, habiéndose adueñado ellos mismos de lo que denominan pyscho metal; algo que les va al pelo por lo desquiciados que pueden llegar a sonar.

Lo que nos ofrecen en estos nueve temas de su segundo trabajo no es más ni menos que una locura desmedida, que a la vez tienen totalmente bajo control. Vamos, una extensión de lo que nos presentaron hace casi un año con ‘Blood’, que fuera su primer adelanto. Más allá de las estructuras instrumentales, está claro que llama la atención el registro tan completo y peculiar de Zark, que se convierte por méritos propios en la protagonista del álbum en muchos momentos. A menudo te encuentras con vocalistas que lucen más en algunos ámbitos y deslucen en otros, y aquí esa premisa no se cumple. Da lo mismo que sean melódicos, guturales o esa voz frenética y alocada que roza el tono enfermizo: sobresaliente en todo.

A pesar de los piropos de esa envergadura, soy sincero. Un grupo como DOCKA PUSSEL tienen complicado destacar por su propuesta, que no por su calidad. Tomo como ejemplo ‘Dsm-5’, con la que abren (precedida de la intro ‘Donkey Fluffer’). En tres minutos y medio nos dan una bofetada en la cara de metal moderno que lo tendría todo para llamar la atención de miles de personas si no fuera porque, además de poder jugar en contra su dificultad para calificarlos, también está el hecho de que parece que de miedo descubrir cosas nuevas y frescas. Sí, incido de nuevo en la voz de Zark, capaz de todo en ese tiempo, pero ni el mejor cantante del mundo podría destacar por sí mismo en un estilo de música como éste si no se acompaña bien. Lo math se entrelaza con el jazz en gozadas como ‘Tear Me Apart’, sacan un lado reivindicativo muy en la onda OTEP en el tema que da título al disco, dejan espacio a tramos ambientales en ‘Enkidu’s Fate’… pero la locura siempre está ahí, y la sombra de THE DILLINGER ESCAPE PLAN (salvando las distancias) se deja notar en ‘Wildcat’. Esa lucha interior y dualidad queda patente en ‘Every Life I Died’, donde juegan con ella como si nada, antes de cerrar con ‘The Gift’, una pasada de siete minutos que aunque se salga un poco de la línea de las composiciones anteriores, les sale de maravilla. Quien no arriesga no gana, y DOCKA PUSSEL han puesto toda la carne en el asador.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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