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Hace tiempo que HALESTORM entraron en ese selecto club que, sin ser mainstream como tal en su más amplio espectro (¿o sí?), parecían poco menos que intocables. Esas bandas que de salir tanto en los medios (de su país) recibían el beneplácito de casi cualquier cosa que hacían (y ya con una extensa legión de fans que exactamente hacían lo mismo); en el fondo, no deja de ser una sobreexposición mediática. Lo bueno de llevar tantos años escribiendo es que con muchos grupos nacidos en los últimos años, te da la perspectiva para ver de dónde vienen, saber lo que has escrito sobre ellos cuando apenas eran unos perfectos desconocidos y ver dónde han llegado.

La voz de Lzzy es prodigiosa, está fuera de toda duda. Pero era una pena que se estuviera desperdiciando en composiciones líneas e insustanciales como ocurrió en ‘Into the Wild Life’, que de salvaje tenía poco; incluso algunas de ‘The Strange Case Of’ ya lo sufrieron, aunque en mucha menor medida. ¿Había buenas canciones? Sí, pero el relleno asomaba la cabeza. He defendido la opinión de que, haciendo un determinado estilo como defienden hacer, si rockeas más con los temas de otros (véase sus tres EPs ‘Reanimated’, homenajes a Dio, colaboraciones con gente como SHINEDOWN, BLACK STONE CHERRY, DEVICE…) que con los propios, puede que algo esté fallando. El problema con HALESTORM es que entraron en ese bucle de declaraciones en las que tantísimos artistas se meten, el de “el próximo disco es el más rockero de nuestra carrera”, “va a sorprender”, “llevamos al estudio lo que se ve en directo” y tantos clichés y tópicos. Y eso llega a cansar, sobre todo cuando una vez publicas eso de lo que hablas, no cumple las expectativas. Así que tras su tercer EP de versiones (aunque tenía algún que otro temazo, como siempre, seguramente fue el menos inspirado de todos), tocaba ponerse las pilas.

Cuando vi el título de su cuarto disco de estudio a mi cabeza vino ese círculo vicioso de palabras, que en su caso (vamos, en la de la era digital) no se lleva el viento precisamente, sino que están ahí por suerte y por desgracia, según el caso. Con ‘Uncomfortable’ al menos consiguieron llamar la atención de una manera semejante a lo que hicieron con ‘Love Bites (So Do I)’; en el fondo repetían la jugada seis años después con un corte rápido, pegadizo e intenso, demostrando que seguían sabiendo hacer eso mismo. Además, las reminiscencias de volver al blanco y negro (con cambios de plano locos y constantes) jugaban a favor de ese deja vu.

Con ‘Black Vultures’, que además se encarga de abrir el álbum, las revoluciones eran mucho más bajas, pero al menos no caían en la decadencia y desidia más cercana en el tiempo, gracias, sobre todo, a su estribillo. Simple, pero como mínimo, efectiva. La energía desaparecía casi por completo con el tercer adelanto, ‘Do Not Disturb’, cayendo en varios errores del pasado, pero a pesar de todo, cumpliendo con un medio tiempo más oscuro de lo normal y en lo que lo mejor, otra vez, eran las melodías de Lzzy en los estribillos. Con el álbum al completo, las buenas sensaciones con respecto a su predecesor se disparan, pero también la sensación reinante de “… tienen potencial para mucho más”. ¿Es un tópico? Sí, exactamente igual que muchos de los que la propia banda hace gala.

A favor juega la duración de casi todas sus composiciones. Su acercamiento al pop siempre ha estado así, incluso en canciones dinámicas como ‘Skulls’, pero se evidencia en demasía en otras más planas como ‘Buzz’ o ‘Conflicted’. Por suerte, ahí en medio está ‘Killing Ourselves to Live’, un medio tiempo en toda regla donde quizá el solo acelerado hacia su parte final no cuadra demasiado. Pero si de baladas se trata (que no tengo nada en su contra), ‘Heart of Novocaine’ se lleva la palma, donde consiguen transmitir un montón con una simple guitarra acústica (y en directo incluso les queda mejor). De ahí en adelante, el trabajo empieza a decaer… sin llegar a hacerlo en picado. ‘Painkiller’ llega a hacerse repetitiva, una especie de quiero y no puedo; ‘White Dress’ parece un descarte de ‘Into the Wild Life’, metida con calzador. ‘Vicious’, cuando parece que va a despegar de manera definitiva, termina; y ‘The Silence’ intenta repetir la fórmula de ‘Heart of Novocaine’ de una manera más sentimental, pero no termina de cuajar.

¿Han conseguido quitar el sabor amargo que nos dejaron hace tres años? Sí, y menos mal. Pero sigue sobrevolando mi cabeza un pensamiento recurrente con ellos, que a este paso empiezo a tener serias dudas de que termine por disiparse. Habrá que ver si en vivo siguen estando a la altura, además de ver como cuadran los nuevos temas con el resto. Por de pronto, la importancia de su anterior trabajo se limita a ‘Amen’ y I Am the Fire’, que ya es un paso. En octubre estarán actuando junto a DEVILSKIN en Madrid y Barcelona (más información en la web de Madness Live!), tras una extensa (y exitosa) gira por Norteamérica acompañados de IN THIS MOMENT, NEW YEARS DAY, y en algunas fechas, STITCHED UP HEART.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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