hamletiraDicen que la primera impresión es la que vale, que no hay segundas oportunidades para ella. A finales de enero quedaba con Luis Tárraga para escuchar ‘La Ira’, el decimoprimer disco de estudio de HAMLET para preparar la nota de prensa de Maldito Records, encargado de su distribución. Y a grandes rasgos, lo que escribí en ella (la podéis leer en este enlace) es la opinión que tengo a día de hoy del disco. Una opinión muy similar con una escucha y con cincuenta más después de su salida.

Desde ‘Lamento’ dejan claro lo directa que ha sido su propuesta esta vez. La velocidad, la agresividad y la melodía se dan la mano durante algo más de tres minutos, e incluso dejan espacio para un interludio más ambiental, heredero total de ‘Syberia’. Y es que, dentro de lo distinto que era aquel trabajo, tiene una similitud básica para entender ‘La Ira’: los sentimientos que produce. Si en aquel, hace diez años, predominaban la tristeza, melancolía y soledad, en esta ocasión chocan con otros más crudos… aunque en ambos casos con la superación como fondo. La ‘Imperfección’ de la que hacen gala deja atrás esos pasajes más ambientales de la apertura para meterse en sonidos mucho más cañeros. Y por si no había quedado claro que uno de los puntos fuertes de la banda son las letras, en esta ocasión cobran un punto más de importancia, en conexión continua con la sección instrumental. ‘Mi Religión’, más que una declaración, es una imposición; no es que nos cuenten lo que son de manera abstracta, sino que dan un puñetazo en la mesa para gritarlo a los cuatro vientos con orgullo.

Una continuación de ella la encontramos en una mucho más profunda y dolorosa ‘Ser o No Ser’, con una línea marcadísima de bajo (impresionante el trabajo de Álvaro en todo el disco, con su instrumento en primer plano gracias a la mezcla final) y un tempo mucho más lento que el resto de composiciones… pero con la misma intensidad y potencia. Los ecos de su disco negro, mezclados con ‘Sanatorio de Muñecos’ e ‘Insomnio’ se mezcla y dejan escuchar en ‘Salvación’ (su final pone los pelos de punta), ‘Nadie Más’ y una impresionante ‘Ciudad de Dios’, que en su último minuto encierra uno de los puntos álgidos del disco. ‘Sin Tiempo Que Perder’ es más repetitiva (además, la más larga) y pasa algo más desapercibida de primeras, pero esa sensación indiferente dura poco. En cuanto entra en acción ‘Miseria’ nos trae de vuelta su influencia punk y hardcore de los 90, ‘Irreductibles’ no deja un segundo para el descanso con una batería atronadora, y ‘Niega’ pone el punto y seguido de manera notable y casi sin habernos dado cuenta de los cuarenta minutos de música. A su favor, que con pocas escuchas se queda tan grabado en tu cerebro, que no cuesta aprendértelo.

Alejados del patrón tan directo del álbum se encuentran dos temas extras de los que nos habló Luis en esta entrevista. A medio camino entre ideas desechadas para ‘La Ira’ unidas a las de una minicinta de ‘Inferno’ salieron ‘Testificar’ y ‘Me Olvidaste’, que prácticamente doblan en duración cada una de las once canciones anteriores. La primera, densa y oscura, con Molly (de nuevo) espectaulcar. La segunda, más pesada y contundente, con Paco tomando las riendas y toda una montaña rusa de cambios de ritmo. Curiosamente, han sido dos de los temas que más han gustado entre sus seguidores, demostrando que tiren por un lado o por otro, HAMLET siguen conservando una esencia de la que sólo unos pocos pueden presumir.

A estas alturas no debería sorprender un disco como éste. Es lo que llevan haciendo, con mayor o peor acierto, durante más de veinte años. En realidad, intentando resumir lo que podemos encontrar en ‘La Ira’ en una sola frase, sería algo así como la versión mejorada de HAMLET en su última década. Y si sorprende de alguna manera, debería ser en un aspecto concreto. A día de hoy estamos ya habituados a comentarios del tipo “como sus primeros discos, ninguno”, “ya no valen para nada” o “no tienen nada que ver con lo que eran”. En el caso de HAMLET, han sabido coger lo mejor de sus primeras obras para adaptarlas al momento actual, siguen valiendo para mucho, y tienen más que ver con lo que eran que en toda su carrera. Están en un momento envidiable de forma y se ve reflejado en unos conciertos que rememoran épocas más salvajes y no tan acomodadas como las que vemos cada fin de semana en las salas de todo el país. Porque, esto ya es opinión personal, si el público no se mueve, ya se encargan ellos cinco de hacerlo.

 

Hamlet - La Ira
9Nota Final
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