ironmaidenbookLargo y tendido se ha hablado las últimas semanas sobre el nuevo disco de IRON MAIDEN. Casi todas las reseñas se han puesto de acuerdo en que es lo mejor que ha hecho la doncella desde ‘Brave New World’, que a lo tonto ha cumplido ya quince años (aquí lo tenéis en Miradatrás). Y ese mismo fue lo mejor que hizo la banda en una década, con unos 90 bastante flojos en casi todos los sentidos. Así que se podría decir que ‘The Book of Souls’ es, junto a BNW, lo más destacado que han hecho en los últimos veintisiete años, que se dice pronto. Por un lado, antes de la salida de Dickinson facturaron dos trabajos con algún tema salvable, la época Blaze sabemos todos cómo acabó y el recuerdo que tienen sus miembros de ella; por otro, con Bruce de vuelta, ‘Dance of Death’ fue una digna continuación de BNW, pero ya con un gusto por composiciones más elaboradas tirando a lo progresivo, llevadas al extremo tanto en ‘A Matter of Live and Death’ (que pasados unos años, ha ganado algo) como en un poco inspirado ‘The Final Frontier’.

Como decía, largo y tendido se ha escrito sobre este lanzamiento. Sobre todo lo primero, largo. No han sido pocos los medios que se han explayado alargando su análisis hasta el infinito y más allá. Evidentemente, cada uno es libre de expresarse de la manera que quiera, siendo todas ellas válidas, pero precisamente creo que cuanto más amplio es un disco (en este caso, doble; más de hora y media de música), más simple debe ser una review en cuanto a la música en sí. Más hay por escuchar, por descubrir y menos por analizar; sobre todo de primeras, y no digamos ya si es nota por nota, cambio de ritmo por cambio de ritmo y solo de guitarra por solo. Al menos desde mi punto de vista.

Dicho esto, la apertura no podía ser más épica y espectacular de la mano de ‘If Eternity Should Fail’, con un Dickinson pletórico que nos hace olvidar los problemas de salud que han sido noticia los últimos meses. No en vano, es un tema escrito en solitario por él… y no es el único. Un entramado de más de ocho minutos que comparado con las tres últimas aperturas de sus trabajos, se las come con patatas; especialmente con la rapidez de un tramo final que rememora sus gloriosos años 80. Esa velocidad relativa continúa en ‘Speed of Light’, que además fue el adelanto en forma presentación con un vídeo que hizo las delicias de los más gamers más freaks, recordando más de un videojuego emblemático. La canción, como single, más que aceptable, de las más cortas (y eso que supera los cinco minutos), ¿directas? y con cierto aire pegadizo. Pero es que si nos analizamos cortes en esa onda, casi cualquiera de las que entran en esos parámetros terminan siendo mejores. ‘When the River Runs Deep’ contundente y melódica a partes iguales y con unas guitarras que son una delicia; ‘Death or Glory’ con un Dickinson brillante. Y de una duración parecida pero tomando otra senda, encontramos la pesada y melancólica ‘Tears of a Clown’, el particular homenaje de la banda al actor Robin Williams (aunque Bruce declarara hace poco que no tenía idea del asunto a la hora de grabarla, ya que la letra corría a cargo de Steve Harris).

Con una duración media tenemos ‘The Great Unknown’, que tras un comienzo apagado estalla y se convierte en una de las canciones destacadas, la oscura ‘The Man of Sorrows’ (de nuevo gran trabajo en las guitarras, con un interludio instrumental de diez) y ‘Shadows of the Valley’, que a pesar de su comienzo autocopiado con ‘Wasted Years’ desemboca en uno de los momentos de mayor pegada del disco. Pero aquí lo que reina son los temas elaborados. Empezando por el que da título al álbum, derivando sus guitarras acústicas de entrada en una pieza emotiva y, de nuevo, un interludio musical sobresaliente, rápido y que rememora tiempos gloriosos de la formación. Siguiendo con ‘The Red and Black’ (lo único que le sobra son los “oh oh oh”, que en directo seguro que serán una fiesta, pero en estudio no lucen tan bien), que repite la misma estructura y ahonda un poco más en su faceta progresiva. Y terminando con la guinda, ‘Empire of the Clouds’, esa canción de la que todo el mundo hablaba meses antes de que pudiéramos escucharla. La otra obra de Dickinson, que supera los dieciocho minutos, con un inicio de la mano de una dulce melodía de piano que parece transportarnos a cualquier banda sonora de una película de la tierra media, donde de nuevo Dickinson raya a una altura como pocas veces se le ha visto, y en la que sus compañeros, como mínimo, le igualan, con desarrollos musicales largos, cambios de ritmo, y lo más importante, sin hacerse pesados ni redundantes. Al menos a mí, inevitablemente me recuerda a ‘Alexander The Great’. De la primera, Bruce ha dicho que no la llevarán al directo por la dificultad de hacerlo a la hora de recrear todos los arreglos que lleva; en relación a la segunda, la banda ha dejado caer que incluirán en su nuevo set un tema que nunca antes había sido interpretado. ¿Será esa?

Este decimosexto trabajo ha entrado como número uno en más de una veintena de países, siendo acompañado de una promoción acorde, con un grupo de seguidores trasladados en un avión (pilotado por su vocalista, como no; el vídeo, en este enlace) a una pre-escucha exclusiva. Además, la banda viajará por todo el mundo en un nuevo Ed-Force One, pasando de un Boeing 757 a un 747 para esta ocasión. Le queda cuerda de sobra a IRON MAIDEN, y tópicos aparte, es de lo mejorcito que podía esperarse de una banda que va camino de cuatro décadas en activo. Bravo.

Iron Maiden – The Book of Souls
8.5Nota Final
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Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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