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Es un tópico demasiado usado que lo bueno se hace esperar; se dice tanto, que como tantas otras afirmaciones, llega a perder su sentido. O peor todavía: crea cierto rechazo cuando se lee/se escucha. Puestos a tirar de dichos habituales, yo suelo ser más realista (o pesimista), diciendo que el tiempo no perdona, pasa demasiado rápido, y el que pasas parado (o en la sombra) suele pesar demasiado a la hora de recuperar el terreno cedido y perdido frente a los demás.

Casi diez años han pasado desde que KHAYMAN publicaran su primera maqueta, ‘The Criminal Redneck Orchestra’, y más de un lustro de su EP ‘The Unbreakable Bonds of Slavery’. Desde entonces todo se ha movido con calma, incluida la tarea de buscar un sustituto a la voz tras la salida de Alfon, que ha terminado cayendo sobre el propio Vega, también guitarrista. Resulta paradójico que ante las influencias evidentes en el pasado, y viendo la portada en la que esa sombra de DOWN (y otros) se alarga todavía más, hayan terminado facturando un trabajo donde las influencias se han abierto más.

Los terrenos pantanosos de ‘Sunday Blues’ la convierten en una intro de casi siete minutos de pasajes densos sobre los que cimentar su obra, rompiendo la pesadez con una dinámica ‘Polyhate’, mucho más machacona en su primera mitad, y tirando hacia un sur más tranquilo en su segunda parte. No cabe duda en decir que ‘The Gentle Art Of Self-Destruction’ es, ante todo, un trabajo de riffs, donde las guitarras priman sobre todo lo demás; pero en las influencias vocales, con el giro que han dado, se nota ese aire atormentado del Seattle de los 90 con Layne Staley como protagonista en multitud de momentos. Las estrofas tortuosas de ‘Walking Away’, incluso instrumentalmente, las partes centrales de ‘Dear Son’ ‘Flow Down’, son algunos de los momentos en los que más palpable es la influencia de ALICE IN CHAINS. Y precisamente ese desmarque de su sonido anterior es el que les da un toque de distinción a la hora de valorar este primer álbum.

Incluso tienen momentos de experimentar un poco más con su sonido en el tema (instrumental) que da título al disco, recuperando su senda más cañera en ‘Saw is Family’, en la que la sombra de Pepper y Kirk se intuye. De hecho, se agradece algo más directo como ésta última antes de volver a los pasajes más pesados con ‘Red Sun’ y ‘Missisippi Voodoo’, echándose algo en falta un cierre más contundente. En cualquier caso, aunque se haya hecho esperar, cumple con creces las expectativas después de tanto tiempo. Amantes del stoner, el sludge y el sonido sucio (a la par que cuidado), no dudéis en pegarle una escucha.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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