Sí, normalmente las contracrónicas vienen después de las crónicas al uso, pero como ésta no es el segundo caso, me salto directamente el primer paso. Esto es un artículo explicando mi experiencia (y lo que he vivido en primera persona junto a algunos amigos) en un festival que no es para mí. En la que compré el abono por unos determinados grupos anunciados que hacía diez años (números arriba, números abajo) que no veía; y alguno más cuya visita a España era la primera.

Previendo posibles problemas, el primer día, el jueves 12, preferimos ir con tiempo, rondando la zona de acceso al parking a las cinco de la tarde. Gran acierto el nuestro, ENORME error el de la organización. De la misma manera que tenían el control de número de personas que acudirán al festival (ochenta mil), sabrían el número de coches que irían a la zona que ellos mismos habilitaron. El caos se adueñó de esa zona pasadas las seis de la tarde, con atascos kilométricos de coches, más luego el de las personas que se agolpaban para entrar bajo el puente al recinto. ¿Cuánto personal para toda esa fiesta? Pues, recordando un poco todo, seis miembros de seguridad para revisar los maleteros de los coches (no vaya a ser que alguno meta una lata de bebida que quite más dinero del que ya hacen allí dentro), dos más para poner a mano un teléfono y número de matrícula en una pegatina, y ya por último, para las miles de personas que dejaban el parking y se juntaban con las del transporte público, un embudo con otros tres cacheadores. Insuficiente el número, muy deficiente la previsión.

En menos de diez minutos llegabas al acceso principal, donde ya sí te leían la pulsera… si es que la tenías. Ya cuando entramos (nosotros, a algo menos de las seis de la tarde), las colas para recoger pulseras eran grandes. Después se multiplicaron por diez. Mención especial para la gente de movilidad reducida que tenía que ir por aquel lado, porque ese empedrado para las sillas de ruedas era inhumano. ¿El recinto? De primeras, sin toda la gente que llegaría después, muy bonito; claro, a simple vista y con la luz del sol todavía iluminando todo. TODO era un manto de césped verde, no tragabas polvo, multitud de baños, escasez total de fuentes de agua potable… pero en definitiva, por mucho que el tamaño se haya multiplicado (en teoría, acorde a la también multiplicación de asistentes), había un fallo enorme: el año pasado la zona de restauración estaba apartada de los conciertos, y esta vez no. Eso hace que la explanada en algunos momentos fuera una gymkhana de obstáculos entre dichos puestos, las barras, mesas de sonido (recordemos, siete escenarios, por mucho que tres fueran en una carpa) y gente.

Media hora antes de que empezara TOUNDRA decidimos ir a la barra que había tras el escenario 4… y tardamos más de esa media hora en conseguir nuestro cometido. Sí, cuando todavía no había un cuarto del número de gente que luego entraría allí. Así nos perdimos arranque. ¿Por qué? Pocas cajas registradoras, personal sin formación al que seguramente lo único que les dijeron fue “hasta que no te den el dinero y lo metas en la caja, no pones nada”, así, se formaban colas tras las barras, pero también dentro de ellas: chavales agolpados con dinero, uno detrás de otro, y después en los propios grifos. Más caos.

A esas alturas la cobertura ya empezaba a fallar a pesar de los repetidores que había en el recinto, pero #madcool ya era trending topic en Twitter con varios vídeos y fotos de lo que había de puertas para afuera. Antes, ya nos entraron mensajes de amigos atascados, y un curioso caso: no se podía pasar uno de los controles con un casco de moto; es decir, no te dejaban llegar a las consignas, puestas (supongo) para efectos como ese. Curioso que después sí hubiera gente a la que dejaron llegar a ellas con el mismo objeto; falta de comunicación total. Otra nota muy deficiente.

Como decía al principio, ese no era mi festival. Ni por la gente que había allí ni por los grupos… pero los que quería ver, los iba a ver a muerte. ¿TOUNDRA? Pues geniales, no hay novedad y no voy a descubrir a nadie su calidad. Alberto y Álex hacen su trabajo, y Macón y Esteban hacen (y echan) el resto. Pocas personas he visto vivir los conciertos como al segundo de ellos, y la complicidad con el primero se nota a la hora de tocar, con besito incluido en uno de sus múltiples acercamientos, o su abrazo sentido al final de ‘Tuareg’.  Los temas de ‘Vortex’ suenan todavía mejor en directo, y cada una de las antiguas son más celebradas (como es lógico, claro). Pero lo de ‘Cielo Negro’ para cerrar a muchos nos tocó el corazoncito. Consiguen meterte en su nube particular y teletransportarte a un mundo paralelo lleno de fantasía.

Sinceramente, hasta PEARL JAM, si no veía nada más, no me importaba en exceso. Y así lo hicimos, intentamos ir a la parte delantera izquierda (la de la plebe, por la que no había que pagar más) para conseguir un sitio relativamente cercano para ver a Eddie Vedder y los suyos mientras terminaban FLEET FOXES, y tras los que tocaron TAME IMPALA en el escenario 2. Dos días antes ya habían dado una lección en Barcelona, y aquí sólo jugó en contra una cosa: el tiempo.

Con una hora menos, ‘Release’ dio el pistoletazo de salida poniendo los pelos de punta a miles de personas. Una presumible y habitual ‘Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town’ la siguió, y con ‘Given to Fly’ ya empezaron los botes, sacando su lado más punk en ‘Lukin’ y poniendo de nuevo todo patas arriba con un clásico como ‘Corduroy’, donde ya empezó la interactuación con el público a base de “uoh uoh uoh” y “yeahs”. Pero si de clásicos se trata, después llegó un trío de ases. Con ‘Why Go’ (como me flipa Jeff Amment) a muchos se nos llenó la boca gritando “… Since they put her in this place She’s been diagnosed by some stupid FUCK!…”, y tras un discurso donde Eddie proclamaba que le encanta España, que adora la locura de la gente loca en Madrid, ‘Animal’ nos teletransportó a aquellos maravillosos años donde importaba la música y no tanto la apariencia. Esa en la que PEARL JAM tocaron, veintiséis años atrás en Revolver, una canción como ‘Even Flow’ (ojo a este documento, con una entrevista en Madrid en aquel momento donde ya avisaban que iban a estar aquí por mucho tiempo; y aquí imágenes de aquel concierto). Hay grupos que apenas hablan, otros muy comunicativos, y después están estos que se esfuerzan en tener una conexión especial que pocos consiguen. Mike McCready ya se puso el disfraz de guitar hero y nos brindó una demostración de sentimiento con su guitarra, bajando al foso para sentir el calor de la gente (lo volvería a hacer más tarde). Con un set recortado tocaba tirar de canciones rápidas y directas, como fue ‘Mind Your Manners’, y aunque ‘Lightning Bolt’ me sobró un poco a título personal, todo quedó olvidado con Mike poniéndose otra vez la capa para interpretar ‘Eruption’, y enlazar con las primeras notas de ‘Jeremy’, sin duda uno de los momentazos de la noche, por previsible y esperado que fuera. De ahí en adelante, temazo tras temazo, detalle tras detalle. Y aunque no recuerde en qué momento fue exactamente, es de recibo decir que a Matt Cameron lo presentó como el baterista de PJ y SOUNDGARDEN, con su consiguiente (y merecida) ovación. Uno de esos músicos en la sombra que quizá esté más infravalorado que otros de su generación.

¿Lo malo? Que como nos enseñaron en sus redes, por el camino se quedaron ‘In Hiding’, ‘Imagine’, ‘Comfortably Numb’, y ‘Yellow Ledbetter’. Demasiadas. Vamos, lo habitual en un concierto propio, pero aquí no se podía dar más en menos minutos. Bueno, sí que se podría, pero nos dejarían sin sus famosas jams y alargues de canciones, sin el esfuerzo de Eddie Vedder en comunicarse en castellano con el público… y si nos quitas eso, no sería algo propio de PJ. Ahí estuvo la emoción de ‘Betterman’ con guiños a ‘Hunger Strike’ y a ‘Save It For Later’ (de THE ENGLISH BEAT). Antes nos había dejado una perla como ‘Do The Evolution’ y ‘Can’t Deny Me’, previo alegato del #noesno con Luis Tosar y Javier Bardem a través de las pantallas del escenario como introducción. No fueron las únicas palabras con alta carga social, pues para ‘Wasted Reprise’ Eddie tomó la voz (en inglés, porque “… my spanish is shit”) arrojando algo de optimismo y positividad con un mensaje muy claro: las ideas racistas y sexistas van a morir con la gente que mantiene esas ideas hoy en día. Para finalizar el tramo principal, baño de masas de Vedder en el pasillo central durante ‘Porch’ y todos contentos.

Con su carismático líder de nuevo en escena, y tras “… this song is about any kind of love” y otras bonitas palabras, se arrancó con su acústica para ‘Just Breathe’ con un mar de teléfonos iluminando uno de los momentos más emotivo de esas dos horas, alargando esa atmósfera especial en ‘Sirens’, y superándola en ‘Black’, donde de nuevo se lució McCready. La sorpresa vino de la mano de ‘State of Love and Trust’, ya que era raro que la repitieran tras tocarla en la ciudad condal; eso que nos llevamos de regalo, de nuevo con Vedder bajando a cantar entre la gente. A esas alturas de concierto las miradas atrás eran las que tocaban, siguiente con las que se hacen a través de un ‘Rearviewmirror’, las que demuestran que todavía estamos (mucho más que) ‘Alive’ (más corta de lo habitual), y previa recogida de panderetas volando, hacer su particular tributo a Neil Young (que ya actuó en la primera edición del Mad Cool) con ‘Rockin’ in the Free World’, de la que se comieron una estrofa. Durante lo que duró su paso por allí, hicieron que mucha gente nos olvidáramos del caos y la mierda que habíamos vivido las horas anteriores. Con ellos terminó para mí ese día, con ‘Kasabian’ sonando de fondo en la aventura de salir desde la parte delantera del escenario 1 hasta la salida del parque.

En la segunda jornada, la del viernes 13, buena parte de los problemas se arreglaron. El acceso con coche fue de lo más fluido (claro, ya con sus pegatinas correspondientes) y desde ese primer punto hasta entrar no pasaron más de quince minutos. Las barras, todavía más fluidas (era de cajón: tirar minis como si no hubiera mañana y otras personas cobrando), incluso a primera hora funcionaban los pinpads; después no lo pude comprobar También decir que algunas agotaron los vasos de mini del festival, por lo que tuvieron que sustituirlos por otros al uso al día siguiente. Lo primero que quería ver era AT THE DRIVE-IN, aunque llegara diecisiete años tardes a la cita. Me quedé con las ganas de ir a la presentación de ‘Relationship of Command’ en la sala Arena en febrero de 2001, y menos de un mes después anunciaban su separación. Sí, volvieron, pero no sentía lo mismo al escucharlos que en el momento que los descubrí. Me vinieron grandes recuerdos con las primeras notas de ‘Arcarsenal’ también con ‘Sleepwalk Capsules’ e ‘Invalid Litter Dept’, incluso las nuevas ‘Governed by Contagions’ y ‘Hostage Stamps’ encajan muy bien (el disco merece la pena), pero los he visto cuando ya no sentía lo mismo por ellos; y a pesar de las ganas de Cedric y su manera de dirigirse a los presentes, la apatía de Omar juega en contra. No les voy a pedir que sean los zumbados que actuaron en el año 2000 en el programa de Conan, pero… me dejaron frío.

A mitad de concierto preferí ir al escenario 4 a tener un buen sitio para MARMOZETS, de los que estoy enamorado desde que debutaran hace casi cuatro años con ‘The Weird and Wonderful Marmozets’. ‘Knowing What You Know Now’ es algo más accesible (no digamos ya si lo comparamos con las composiciones de sus EPs), pero esta banda tiene algo. Becca Macintyre es de esas cantantes que conmueve, con una voz y con suficiente gancho como para hacer lo que quiera sobre las tablas. En estudio están bien, pero en directo son mucho mejores; aunque puede que el Mad Cool no fuera el sitio ideal para debutar en nuestro país. Su set estuvo de lo más compensado entre sus dos trabajos, empezando con mucho movimiento con ‘Play’, y terminando con todavía más en ‘Major System Error’. ‘Particle’ trajo algo de la caña de hace años, y tanto ‘Move, Shake, Hide’ como ‘Why Do You Hate Me’ fueron de lo más celebrado de sus casi cincuenta minutos, con alguno más de sus singles con tirón, como demostraron con ‘Habits’. Deseando que vengan por sala. Lo que vimos es muy parecido a esto del Pinkpop.

Me picaba mucho la curiosidad por ver dos bandas nacionales en el escenario de Mondo Sonoro, uno de los de la carpa pequeña. MORGAN fueron una maravilla. O mejor robo las palabras de Nina, su cantante/pianista para decir que aquello fue una puta maravilla, un puto milagro. Su breve paso por escena estuvo cargado de sentimiento, palabras de agradecimiento (incluida a su hermana, de la que dice que tiene mejor voz que ella… ¡ya sería decir!), a sus compañeros de grupo… Todo de diez. Da igual que fuera en inglés (mayoría) o castellano, con ‘Sargento de Hierro’ (ay, si llegan a tocar ‘Volver’…). Es difícil explicar con palabras lo que sentimos desde ‘Blue Eyes’ hasta ‘Marry You’ en lo que ha sido un triplete de fechas (BBK, Mad Cool, NOS Alive) tres días seguidos. Por delante tienen unas cuantas más, y en enero vuelven a la capital con fecha en el Circo Price de Madrid.

Tanto Jack White como ARCTIC MONKEYS me daban bastante igual, así que optamos por cenar algo, pero viendo que la afluencia al escenario 3 empezaba a ser grande, sacrificamos a AGORAPHOBIA por ver algo cercano a ALICE IN CHAINS. Se puede decir que los de Seattle aprovecharon su tiempo para picotear en casi todas sus etapas, pero jugó en su contra el sonido; no sé si en el Koko fueron todos así, pero la guitarra de William no se escuchaba, la voz de Jerry tampoco, la batería mediado su tiempo cobró un protagonismo que no debía… y a pesar de todo consiguieron esa atmósfera mágica que sólo algunas bandas tienen en su mano; y eso que tampoco necesitaron de tanta comunicación como sus coetáneos la noche anterior. Desde ‘Check My Brain’ hasta ‘Rooster’, con importancia de la era Duvall (‘Your Decision’, ‘Hollow’, ‘Stone’, e incluso su último single de ‘Rainier Fog’, ‘The One You Know’) y los innegables de sus 90. La importancia de ‘Dirt’ sigue perpetua con ‘Dam That River’, ‘Them Bones’ y ‘Would?’, su (infravalorado) homónimo tuvo representación en la enfermiza ‘Again’, su debut nos trajo ‘Man in the Box’ y ‘We Die Young’, incluso de ‘Jar of Flies’ nos regalaron ‘No Excuses’ y esa maravilla titulada ‘Nutshell’, que más allá de su representación icónica en acústico, en eléctrico (a pesar de no estar Layne) suena incluso mejor. Puede que la nostalgia se adueñara de mí, pero son únicos, y Jerry Cantrell es uno de los tipos con más clase de los 90, del grunge y del rock de aquella época.

Tras intentar conseguir sitio en la carpa de The Loop pasada la una y media de la noche, tuvimos que movernos hasta el exterior de la misma a ver si conseguíamos ver algo de MASSIVE ATTACK… por curiosidad, más que nada. Nunca han sido un grupo que llamaran mi atención. Desde ese día menos, claro, ya que parece que hicieron una particular versión de ‘Enjoy the Silence’ y se quedaron sin decir nada hasta que supuestamente ya tenía que haber pasado su tiempo. En un comunicado pusieron lo siguiente, primeros en redes sociales, dos días después en la web del festival:

Mad Cool Festival Massive Attack quieren disculparse antes los miles de fans que esperaron pacientemente en la carpa The Loop la actuación del grupo británico.
La banda y el festival son conscientes de la gran desilusión que provocó la cancelación del concierto.
Lamentablemente la banda no pudo tocar en el horario previsto debido a la interferencia de sonido de escenarios aledaños que por la naturaleza técnica del sistema de monitores IEM (auriculares intrauditivos) de la propia banda tuvo como resultado que el concierto no pudo realizarse.
Se intento resolver la situación durante la siguiente hora pero finalmente fue imposible.

En su Instagram ha habido unos cuantos indignados que les han dejado palabras del todo menos bonitas (no tienen Facebook, ¿o lo han inhabilitado?).  Como hemos podido leer en El País, parece que no estaban muy por la labor de tocar ese día. Les dará igual, pero seguramente ya hayan cerrado la posibilidad de volver a España. Una retirada a tiempo fue una victoria, y nos enteramos del desenlace de toda la movida ya de camino a casa.

Para el cierre, en su última jornada quería ver sí o sí a WOLF ALICE, que está causando sensación. Lamentablemente estuvimos parados cerca de media hora en la m40 por un coche ardiendo… que no, no era como en Festimad 2005; aunque puede que algunos también le echen la culpa a la organización por ese suceso. Aunque fuera de lejos, pudimos disfrutar del final de su set con ‘Formidable Cool’ ‘Visions of a Life’, ‘Moaning Lisa Smile’ y ‘Giant Peach’. La dualidad de su música es un punto a favor, aunque me hubiera gustado más verla en un escenario más pequeño y cercano. Otra vez será. Por contra, y personalmente, la revelación la encontré en la figura de NIÑA COYOTE ETA CHICO TORNADO. Aunque los conocía nunca me había puesto a fondo con ellos, y mal hecho por mi parte. Vaya dúo, vaya ganas, vaya manera de llenar un escenario y vaya entrega. El día anterior lo petaron en el Resurrection Fest, y ahora le tocaba el turno a Madrid, con guiño incluido a RATM y su ‘Killing in the Name of’. Enorme descubrimiento.

Tras recargar pilas, me tuve que perder a DEAF HAVANA, y entre PORTUGAL DE MAN y QUEENS OF THE STONE AGE nos decidimos por los segundos… para avanzar posiciones de cara al plato fuera de la noche. Nunca me han apasionado más allá de las canciones más conocidas; también me ha echado para atrás el aire chulesco de Josh Homme, pero tengo que reconocer que estuvieron más que bien. Pero precisamente esa chulería fue la que me ganó con su frontman pidiendo que abrieran la zona VIP a la derecha del recinto para que entrara la gente en mitad del parón de ‘No One Knows’. Como público es desesperante ver como no puedes acceder más adelante a una zona vacía (al parecer el día anterior ya dieron el aviso, no estoy seguro si ARCTIC MONKEYS o FRANZ FERDINAND); como artista debe ser desolador como un lado lo da todo, petado de gente, mientras que en el otro vacío, además de ser espacio perdido, hay gente que no atiende demasiado a lo que tiene delante, y puede que más a una pantalla en sus narices. Da para debate, pero las vallas por seguridad, bienvenidas sean para evitar desgracias; y por mucho que esto sea un negocio, los Golden tickets, los snakepits, los Golden circle y todos estos inventos son una mierda enorme para quien más tiene (o para invitados que ni les va ni les viene su mayoría; que en las partes elevadas ya entran en la ecuación los famosillos e invitados). Ante la negativa por parte de la seguridad, la canción se alargó alegando que no seguirían si no lo abrían, incitando al público a cantar todos a una “LET THEM IN!”, y pidiendo que se saltara si no la abrían. Antes habían abierto con ‘If I Had a Tail’, habían puesto a bailar a todo el mundo con ‘The Way You Used To Do’ y ya habían tenido tiempo dedicado a ‘Songs for the Deaf’ con ‘You Think I Ain’t Worth a Dollar, but I Feel Like a Millionaire’. Por delante les quedó tiempo para dedicar canciones a DEPECHE MODE y NINE INCH NAILS, y como no, para su himno ‘Go With the Flow’. Mediado el concierto volvió a tomar la voz (crítica) cantante para avisarnos de que está cansado de que le digan qué hacer y de que todo el mundo esté ofendido por todo. Prometiendo una noche para recordar, “… no nos iremos hasta que estés borracho, bailando o besándote con alguien. De lo contrario, solo perteneces a un grupo de animales domesticados”. Un mensaje de diez. Y una actuación muchísimo mejor de lo que esperaba.

Por delante quedaba el peor solape de todo el festival venía con DEPECHE MODE, BLACK REBEL MOTORCYCLE BLUC, RIVAN SONS y JARDIN DE LA CROIX. Todo coincidía (en mayor o menor duración). ¿Qué hacer? Pues adelantarse lo más posible para NINE INCH NAILS sacrificando todos excepto a Dave Gahan y los suyos, que en la lejanía los pudimos seguir por las pantallas (uno de los mayores puntos del festival para los asistentes más alejados). Por mucho que me gusten y hayan gustado, les he ido perdiendo la pista con el paso de los discos, sin conseguirme enganchar ninguno por completo desde ‘Exciter’. Aun así es una gozada volver a disfrutar en directo de ‘It’s No Good’, ‘Word in My Eyes’, ‘In Your Room’, ‘Stripped’… aunque nunca fui muy amigo de posiblemente sus mayores hits, ‘Personal Jesus’ y ‘Enjoy the Silence’, aunque sean una fiesta en vivo. Martin Gore, en su línea, apagado y haciendo el trabajo a su manera (en primera línea en ‘Somebody’), Andy Fletcher todavía más en la sombra, y Dave… ¿qué se puede decir de él? Pasados los 56 sigue en una forma envidiable y maneja como nadie a su séquito de fieles seguidores. Parece que no pasen los años, y si lo hacen, es para bien. Fue un show previsible tirando de grandes éxitos, ideal para festivales como éste y para el tiempo con el que contaban. Hubiera dado lo que fuera por verlos en la época de ‘Ultra’ o mi favorita, ‘Songs of Faith and Devotion’, pero siguen manteniendo el tipo, que no es poco casi cuarenta años después.

Creo que muchos de los que vivimos el concierto de NINE INCH NAILS coincidiremos en decir que fue algo único e histórico. No necesitaron intro ni artificios para entrar los cinco al escenario, y en menos de un minuto hicieron vibrar a miles y miles de personas con ‘Somewhat Damaged’. Arrancar con ella y seguir recordando ‘The Fragile’ con ‘The Day the World Went Away’ fue demasiado, con Ilan Rubin dejando su batería y formando un trío de guitarras junto a Reznor y Finck que se convirtió en un muro sobre el que la electrónica de Atticus Ross y el bajo de Cortini hacían el resto. Pelos de punta en poco más de cinco minutos. Las luces cobraban protagonismo, por las pantallas nos metíamos de lleno en el show (con un cámara que al fin y al cabo era un miembro más de la banda), y ¡zas!, ‘Wish’ para reventar todo, con un doble bombo final que todavía me retumba en la cabeza.

A pesar de sólo contar con una hora y veinte, era evidente que tocaba incluir material de ‘Add Violence’ y ‘Bad Witch’; y la verdad, todas ellas ganan una barbaridad en vivo. ‘Less Than’ sonó tremendamente pegadiza, una intro perfecta para ‘March of the Pigs’, continuada por la tranquilidad de ‘Piggy’ con su “… nothing can stop me know”. Fueron otra de las bandas que apenas necesitaron presentaciones ni comunicación, porque ya hablaban a través de sus instrumentos. La cara de Trent en ‘The Lovers’, sintiniendo y viviendo la base electrónica ya nos lo decía todo, pero tras ella nos rompió el corazón: “es nuestro último concierto en Europa en… no sé, quizá para siempre”. Tras ese bajón, la voz macarra de Robin nos guiaba en las estrofas de ‘Shit Mirror’ mientras Reznor nos pedía que no pararamos de dar palmas, cerrando su círculo más reciente con ‘Ahead of Ourselves’ y ‘God Break Down the Door’. Voy a ser lo más sincero posible, igual que más arriba con Depeche. Tengo idealizada la época del Self-Destruct Tour y el Fragility, me hubiera encantado poder vivir aquella época, pero creo que su formación actual es la que mejor sonido ha conseguido de su carrera. Robin Finck (además de multiinstrumentista), para mí, es EL GUITARRA de NIN, Rubin le pega que da gusto, y Cortini, aunque haya quedado algo más en segundo plano, lleva ya diez años junto a Reznor. Él además ha encontrado en la complicidad de Atticus Ross la pieza que le quedaba para conseguir lo que consiguieron esa noche.

Por delante ya fue un hit detrás de otro. ‘Closer’, ‘Copy of A’ (que desde su estreno se ha quedado de manera definitiva), el homenaje a Bowie con ‘I’m Afraid of Americans’ (vaya juego de luces americanas), con dedicatoria en su mensaje, además de agradecimientos a Depeche, Queens, y a no saber muy bien qué esperar del festival. Entonces llegó la locura de ‘Survivalism’ (no me la esperaba), aumentada en ‘Gave Up’, tras la que Reznor mandó una guitarra más allá de la batería, rememorando su época más selfdestructiva. El público ya estaba totalmente entregado, pero pocas balas quedaban en el cargador. Quizá esperaba más fiesta en ‘The Hand that Feeds You’ (viéndolo en vídeo parece que la hubo, no tanto por mi zona), y con ‘Head Like a Hole’ ya teníamos enfilada la parte final, con un cierre que llegó con una emotiva ‘Hurt’, con Reznor empapado en sudor y con lágrimas en los ojos.

Llevaba once años esperando este momento (estuve en la doble fecha de 14-15 de febrero de 2007, pero me perdí la de dos años después), y es una pena que hayan tardado tanto en volver. Más si no lo repiten ya nunca. Pero eso que nos llevamos los que allí estuvimos.

La valoración general, ya pasados un par de días (esas crónicas de urgencia dejan pasar muchos detalles por alto, por mucho que se lleve la inmediatez) es que de un primer día muy deficiente, se pasó al insuficiente y posteriormente al aprobado… sobre todo por la música que allí pudimos disfrutar. Aquello fue muy mad de primeras, y la gente a la que está dirigida muy cool para mí. Pero a pesar de tanta inquina, sería absurdo negar que el caos total reinó el primer día y se diluyó después (de hecho, mucha gente que fue sólo el sábado dice que aquello no ha era tanto como lo habían pintado). En tres semanas hemos tenido en España el Download en Madrid, el Rock Fest de Barcelona, y el mismo fin de semana han coincidido este Mad Cool, la fecha de IRON MAIDEN en el Wanda Metropolitano y el Resurrection Fest. Estas tres últimas citas, aun coincidiendo, han conseguido sendos sold outs, lo que deja claro que la oferta manda. Pero hay que ser críticos y darse cuenta que un gran festival no es sólo un cartel lleno de grandes nombres con un tirón de decenas de miles de personas, sino que la organización y todo lo que lo rodea es lo que de verdad encumbra. Dudo que vuelva a repetir con ellos, porque más allá de los problemas organizativos, y a pesar de que tocaron cuatro de los grupos de mi vida, me costaba mucho encajar y verme en un evento tan masificado (y con esa ese tipo de masa concreta). Por cierto, vale que hay momias que siguen girando por ahí y sacando tajadas, pero cuando alguno se pregunte por qué no hay relevo generacional, que vea como terminan los conciertos gente como Dave Gahan, Trent Reznor o Eddie Vedder ya pasados los 50.

Dicho esto, llegará Mad Cool, agotará sus abonos para 2019 con un puñado de grupos de renombre, pero si no han aprendido nada de este año volveremos a estar en el mismo punto que el jueves 12 a las cinco de la tarde. La avaricia rompe el saco. Y eso, aparte de triste, sería inadmisible.

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