9Nota Final
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9.6

 

meshugcoverCada nuevo trabajo de MESHUGGAH es toda una experiencia. A veces se me hace raro pensar que veinticinco años después de su debut, sólo hayan editado ocho discos de estudio (celebraron ese aniversario con la publicación de un interesante boxset). Reflejando la perfecta maquinaria que son, han pasado tres o cuatro años entre cada publicación, siendo desde hace tiempo un referente, y pudiéndose aplicar esa frase tan tópica de “siempre imitados, nunca igualados”. Especialmente personificado en las figuras de Dick Lövgren y Fredrik Thordendal.

Metal extremo progresivo, math, djent, experimentales… se les puede catalogar de muchas maneras, pero hace tiempo que consiguieron eso tan difícil hoy en día: sonar a ti mismo. Dicho de otra manera, es su nombre el que se usa para definir las propuestas de otros que han venido después. Quién se pone un disco de estos suecos debería saber lo que va a escuchar desde el primer momento, y es que tienen un estilo tan marcado (y a veces con tan poco recorrido), que pocas novedades van a presentar con respecto a sus predecesores. Con todo lo bueno que conlleva (el ser unos maestros en lo suyo) y lo malo (la evolución va a a lucir por su ausencia). A estas alturas no se les puede pedir que vayan a cambiar, porque no lo van a hacer (y menos mal).

Con el concepto de fondo girando alrededor de un cuadro de Goya titulado ‘El sueño de la razón produce monstruos’ (que podéis ver aquí), han sabido armar todo un álbum; al menos sus letras, porque instrumentalmente siguen sabiendo crear la banda sonora de cualquier pesadilla que no tiene pinta de terminar. No fueron pocos los vídeos que subió Nuclear Blast a su canal de YouTube en los que Tomas Haake desgranaba todos los detalles del lanzamiento… en pequeñas dosis, que ya sabéis cómo funciona hoy la red. Llegó a decir que aunque ‘ObZen’ y ‘Koloss’ son grandes discos, eran “un poco demasiado perfectos”, no llegando a capturar su sonido en esencia. ¿Solución? Grabar en directo, a la antigua usanza, recuperando la energía de los álbumes hechos en los 80 y 90 antes de la era digital. En mitad de tanta palabrería llegó ‘Born In Dissonance’, el primer adelanto. Lo esperado: un muro sónico brutal en todos los aspectos, un solo de guitarra central enfermizo y un desenlace agónico y desolador. Además, condensado en cuatro minutos y medio. ¿Qué más se les podía pedir?

Después llegó ‘Nostrum’ con su curioso lyric video 360. Si ya de por sí su escucha se torna muchas veces en angustiosa, imaginad una especie de laberinto confluyendo en una cara para mover con el puntero a vuestro antojo; no es conveniente que lo hagáis durante el solo de turno si no queréis volveros locos. Quien debe estar curado de espantos es el propio Haake, y sorprende cómo es capaz de llevar el ritmo sin despeinarse. Unos días después del estreno se publicaba un playthrough de batería de la misma canción, y aunque las zapatillas de andar por casa de uno de sus guitarristas se lleven parte del protagonismo, es un espectáculo ver cómo domina su instrumento. Con un plan perfectamente trazado, repitieron la jugada con ‘Clockworks’, encargada además de abrir el álbum. La proyección de imágenes mientras la escuchas te atrapa y te abstrae de cualquier cosa que estés haciendo para perderte en un mundo desquiciado en el que sólo ellos saben cómo introducirte. El playthrough, otro espectáculo y toda una muestra de alardes con unos cambios imposibles e impensables para la mayoría.

Y entre las siete composiciones restantes, más de lo mismo. Puede que ‘MonstroCity’ y ‘By The Ton’ no te tumben de un plumazo como los adelantos, pero su contundencia es innegable. La primera incluye unos pocos segundos centrales en los que parece que la tormenta cesa, pero Jens se carga pronto ese momento; la segunda es el típico corte pesado del que suelen hacer gala, con un ritmo de lo más machacón, y que por momentos llega a hacerse aburrido; es de los pocos momentos en que puedes bajar la guardia y no mantenerte alerta. Por suerte, la propia ‘Violent Sleep Of Reason’ se encarga de traer de vuelta el dinamismo y los cambios de ritmo, con las mejores guitarras solistas de todo el álbum. ‘Ivory Tower’ es desgarradora (hasta que entra la melodía cerca de su cierre), mientras que ‘Stifled’ es el ejemplo perfecto para decir que MESHUGGAH son un grupo complicado de escuchar y no apto para todos los públicos. ¿Es una pieza brillante? Sí, no hay duda, pero se te puede atragantar… hasta su último minuto y medio, que es de los pocos momentos de descanso que nos dejan. Después ya sólo quedan la citada ‘Nostrum’, la brutalidad de ‘Our Rage Won’t Die’ (otra vez repiten esa melodía densa de fondo para terminarla) y ‘Into Decay’, donde bajan las revoluciones al mínimo, y excepto un par de cambios, terminan casi sin fuerza, languideciendo después de repartir cera durante casi una hora.

No sé exactamente cuál es el momento ideal para ponerte una canción o un disco de MESHUGGAH, pero retomando la frase que abre esta reseña, es toda una experiencia ponerte los cascos, aislarte de todo y centrarse en ellos. Aunque sea en pequeñas dosis si no queremos perder la cabeza. Por descontado que en directo esa sensación se magnifica, aunque sólo sea por el trance que te lleva el grupo unido al juego de luces al ritmo de su música. No queda nada para disfrutar de ellos en vivo (aquí los detalles de su visita). Sí, por momentos parece que tienen el piloto automático y suenan a lo de siempre, pero… ¡como suenan!

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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