Cuando las cosas se hacen bien, las decimos. En la era digital se tiende más hacia la crítica (no constructiva) de lo que no gusta; ese impulso de tener que confrontar y ocupar tu tiempo con lo que no estás de acuerdo; sin debate, simplemente intentando quedar por encima de todo. Como en otros casos, vamos a contracorriente de esa moda. Con este top10 abrimos nuestras secciones a otros medios con los que compartimos nuestra filosofía de trabajo, a los que además de apoyar, admiramos. Empezamos con César Aguilar, de Zona-Zero. Una persona que, sobre todo con sus entrevistas, no para de descubrirnos (y recordar) una cantidad enorme de bandas nacionales que merecen mucho la pena. Aquí podéis seguir su trabajo.

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Soy César Aguilar, actualmente redactor del webzine Zona-Zero. Hace unos años también me dejaron escribir (aunque fuese un poquito) en This Is Metal y This Is Rock. La buena gente de MiradAlternativa me ha invitado a enviarles un top y esto es lo que ha salido sin pensarlo demasiado. Son diez álbumes que, por una u otra razón, me parecen minusvalorados, cuando no absolutamente ninguneados. Me considero bastante ecléctico, así que en esta selección encontraréis un poco de todo: rock, progresivo, funeral doom, black metal e incluso propuestas que ni sabría etiquetar, cosa que, huelga decirlo, es lo que más me motiva. Espero que lo disfrutéis.

King’s X: “King’s X” (1992)

El trío tejano siempre fue una rara avis, un ejemplo práctico de como fusionar el rock, el soul y el pop con sus propios corazones como brújula, sin manual de instrucciones. No sé si “King’s X” será su mejor álbum (“Gretchen Goes to Nebraska” (1989) y “Faith Hope Love” (1990) no le van muy a la zaga), pero lo que sí sé es que fue el que más fuertemente me golpeó en su día y uno de los que revisito más a menudo. ¿Por qué? Pues porque, casi veinticinco años después, un single perfecto como “Lost in Germany”, el emotivo crescendo de “The Big Picture”, las cabalgadas casi thrasheras de “Chariot Song” o las ganas de vivir que me insufla “Not Just For The Dead” me siguen poniendo los vellos de punta. Una lección magistral impartida por tres tipos de lo más sencillo.

Ved Buens Ende: “Written In Waters” (1995)

Carl Michael Eide, culo inquieto que puede presumir de haber sido miembro de bandas tan capitales en el underground noruego como Aura Noir, Cadaver o Dødheimsgard, fundó Ved Buens Ende en 1994, y su único largo, “Written In Waters”, es uno de los álbumes capitales del avantgarde black metal del siglo pasado. La atmósfera que se respira en cada uno de los nueve cortes del disco bascula entre la solemnidad, el encantamiento, la belleza y el más puro terror, y deja un sabor extraño, como si hubiéramos visitado ciertos lugares imaginados por H.P. Lovecraft. Virus, la continuación del proyecto, reúne muchos de los ingredientes de Ved Buens Ende (esa atmósfera a lo Voïvod y unas líneas de bajo intrincadas y de lo más pegadizas) y ha parido grandes discos como “The Black Flux” (2008) o “The Agent That Shapes The Desert” (2011), aunque para servidor no llegan a las cotas de fascinación que produce “Written in Waters”.

Lillian Axe: “Psychoschizophrenia” (1993)

Hacer hard rock melódico “serio” con tintes progresivos cuando Nirvana y los grunges de Seattle se lo llevaban calentito en la MTV era poco menos que un suicidio comercial. Y supongo que los componentes de Lillian Axe lo tenían meridianamente claro, pero no por eso dejaron de editar discos valiosísimos de entre los que “Psychoschizophrenia” es, con mucho, su obra cumbre. Las cuidadísimas lineas vocales de Ron Taylor, el excelente ataque guitarrero de Steve Blaze y Jon Ster, y, sobre todo, canciones tan excelentes como “Deepfreeze”, “Moonlight in your Blood”, “Sign of the Times” o “Voices in my Walls”, hacen de este disco una perla, un disco en tierra de nadie, que, lamentablemente, pocos llegaron a descubrir. Ah, y todo un logro: ni siquiera flaquean en las baladas.

Anacrusis: “Screams and Whispers” (1993)

Desde el momento en que leí la reseña de “Screams & Whispers” en el llorado fanzine Metalli-K.O. sabía que ese disco había sido grabado para oyentes como servidor. Y vaya si estaba en lo cierto. Tras una ristra de referencias cada vez más interesantes y atinadas –“Suffering Hour” (1988), “Reason” (1990) y “Manic Impressions” (1991)– Kenn Nardi, cantante, guitarrista y alma máter del grupo, dio con su disco definitivo, un tremendo despliegue de thrash técnico y metal progresivo en el que la rabia y la emotividad conviven en perfecto (des)equilibrio. Canciones como “Sound the Alarm” o “Release” duelen, queman, apasionan, fascinan; es fácil intuir que  Nardi virtió literalmente su alma en cada una de ellas. Años después, ante la falta de reconocimiento del público (la crítica siempre estuvo de su lado), el de St. Louis finiquitó su proyecto y  “Screams and Whispers” quedó como una isla a la que ningún otro músico ha podido arribar.

Dolorian: “Voidwards” (2006)

Todo el mundo sabe que el funeral doom lo inventaron en Finlandia, ¿no? Bandas como Thergothon con su seminal “Stream From The Heavens” (1994) o Skepticism con su más estilizado “Stormcrowfleet” (1995) decidieron que la esencia de la vida está en su mismísimo final y narcotizaron sus riffs, congelaron el memento mori y lo sirvieron de la manera más agónica, arrastrada y fascinante posible. En el que es su último álbum hasta la fecha, Dolorian nos envuelven en un vacío hipnótico y de apariencia aséptica en el que no cabe emoción alguna, un espacio en el que nada parece suceder y sin embargo conduce a la desintegración total de la conciencia. “Voidwards” es un estado mental, un viaje que exige al oyente que se libere de ataduras terrenales, pero la recompensa sin duda lo merece. Si os decidís a emprenderlo, no os engañéis: no encontraréis luz al final de este largo túnel.

Disharmonic Orchestra: “Pleasuredome” (1994)

Hubo un tiempo en el que el trío austriaco Disharmonic Orchestra no era de este mundo. Como el que no quiere la cosa, jugueteando con sus instrumentos, convirtieron el grindcore en arte abstracto en “Expositionsprophylaxe” (1990), llegaron al death impresionista en el tremebundo “Not To Be Undimensional Conscious” (1992) y maduraron de forma magnífica en “Pleasuredome”, un álbum que más que rock o metal es puro groove surrealista. El dominio del tempo y de los instrumentos que exhibieron Patrick Klopf (voz, guitarra), el nunca bien ponderado bajista Herwig Zamernik y el sólido batería Martin Messner fructificó en su álbum más maduro y centrado, el testamento creativo de una banda que, lamentablemente, no ha vuelto a rayar a la altura.

Pagan’s Mind: “Enigmatic: Calling” (2005)

Si en Lillian Axe la exhibición de técnica a la guitarra era remarcable, Pagan’s Mind van varios pasos por delante. Como unos Dream Theater anabolizados y borrachos de inspiración y épica powermetalera, en “Enigmatic: Calling” el quinteto noruego (comandado por el extrordinario vocalista Nils K. Rue y Jørn Viggo Lofstad, un auténtico pulpo a las seis cuerdas) aplicó su destreza y su precisión relojera a unas composiciones repletas de recovecos, riffs memorables y estribillos para cantar a voz en cuello. La excelente producción y el máster en los famosos estudios Fredman redondean un álbum que, de haber tenido más exposición, no me cabe duda de que sería citado como un clásico del metal progresivo.

Sweet Tooth: “Soft White Underbelly” (1990)

Una de las referencias más desconocidas de la brillante primera época del sello británico Earache. Justin Broadrick (ex Napalm Death, Jesu, Scorn, Techno Animal y mil más), que ya había puesto en marcha su conocido proyecto Godflesh, aceptó unirse a Dave Cochrane (voz, bajo, ex Head Of David) y Scott Kiehl (batería), para grabar un álbum que podría ser rápidamente catalogado como una mezcla de jazz, alt rock y sonidos industriales, pero es mucho, muchísimo más. Un auténtico disco de culto que no debería ser una simple nota a pie de página en las respectivas discografías de sus ilustres autores.

Prong: “Prove You Wrong” (1991)

Ya, soy perfectamente consciente de que que Prong son bastante conocidos en los ambientes más alternativos del rock/metal, pero también os digo que tengo la sensación de que no demasiada gente sabe que “Prove You Wrong” es un disco absolutamente enorme, inigualable. Troy Gregory, entre otras cosas exbajista de los mitiquísimos Flotsam And Jetsam, se reveló como el complemento ideal para que el riffmaster Tommy Victor y el batería Ted Parsons desataran la tormenta perfecta. Crossover, groove a toneladas y canciones tan infecciosas como “Unconditional”, “Positively Blind”, “Hell If I Could”, e incluso la versión de “(Get a) Grip (on Yourself)” de The Stranglers, son varias muestras de la altura a la que raya el repertorio de este álbum.

Chaos Before Gea: “Khâron” (2015)

Dejo para el final el álbum más criminalmente infravalorado de los últimos años, triste estatus que tal vez se deba a que fue grabado por cinco chicos residentes en la Costa del Sol. Me enganché al credo de Chaos Before Gea con “Erebo” (2013), un debut que repartía death, metalcore y metal clásico con pasión y una madurez sorprendente para unos recién llegados. Y, dos años después, ya con más tiempo y medios para afrontar una grabación más ambiciosa, con “Khâron” el salto cualitativo fue brutal. El productor José María Tornay potenció hasta el infinito las virtudes de estas ocho brillantes canciones y las convirtió en la banda sonora de una épica batalla en el infierno que imaginó Dante Alighieri. También podría haber incluido en esta lista a “beLIEve”, último y sensacional álbum de sus hermanos The Hum, y, de hecho, os emplazo a que le déis una escucha. Dudo que os defraude.

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