parkireCualquier evolución de sonido conlleva críticas. Buenas y malas. Algunos se ven de lejos, pues se aprecian pistas y señales de que va a ser así, y otros pillan por sorpresa. Con PARKWAY DRIVE estamos más en el segundo caso que en el primero, ya que con ‘Atlas’, si bien no se apreciaba de manera tan clara, ya se notaba un camino a tomar, que se ha visto confirmado en ‘Ire’. Ahí estaba ‘Wild Eyes’ como ejemplo de tema a corear en concierto, enseñando sus cartas.

No nos engañemos. La etiqueta metalcore, dentro de su uso desproporcionado (muchas veces sin sentido), tiene varias acepciones. Y para quienes realmente encajan dentro de ese sonido, parece que sea un pecado salirse de unos patrones fijos y en el que apenas tienen margen de maniobra. Por eso no son pocos los grupos que deciden apostar por cambios radicales o por incorporar nuevas influencias a su sonido. Los australianos no rompen por completo con su pasado; no hay porqué preocuparse, ya que sus temas antiguos encajarán en sus directos a la perfección con buena parte de los de su quinta obra. Puede que algunos no tanto en lo instrumental, pero sí en la manera de Winston McCall de afrontar sus partes.

Vice Grip’ vio la luz antes del verano, haciendo saltar las alarmas entre buena parte de sus seguidores, que veían en su videoclip la metáfora del salto al vacío del quinteto; sí, con Winston escupiendo por esa boca con su mala leche habitual, pero con la melodía guitarrera por bandera y con un trasfondo muy claro: un tema con partes hechas claramente para el directo. No para el mosh como era habitual, sino más bien para alzar los brazos. Con el siguiente adelanto, ‘Crushed’, el cambio no era tan evidente, se mantenía parte de su crudeza; era más denso, pero le faltaba más punch.

Y llegó el streaming completo. ‘Destroyer’, la apertura, parece la primera parte del que fuera el single de presentación, con una estructura casi calcada. Le sigue ‘Dying To Believe’ con la que intentan recuperar esa pegada aparentemente perdida, recurriendo a algún breakdown en su parte final embrutecida, pero ni por asomo, como en el pasado. Algo así ocurre más adelante con ‘Dedicated’ o alguna parte de ‘Bottom Feeder’ (¿han buscado un homenaje encubierto a Michael Jackson en ella?). Justo antes de ésta última, encontramos, en el ecuador del álbum, los que podríamos considerar los temas claves. Volviendo al tema directos, ‘Fractures’ es otro ejemplo del enfoque de la composición, creando en ella un himno a vocear bien alto con los machacadísimos “oh oh oh” que tan de moda se han puesto… si no fuera porque todavía no la han estrenado en vivo. Junto a ella, una atípica ‘Writings On The Wall’, con piano y arreglos de cuerda donde McCall se encuentra como una fiera enjaulada buscando por dónde salir. Recuperan la velocidad con ‘The Sound Of Violence’ y los cellos y violines al comienzo de ‘Vicious’ antes de recurrir de nuevo a un tipo de composición repetitiva. Para terminar, tras unos acordes acústicos, las guitarras melódicas de ‘A Deathless Song’ se entremezclan, y bien podría haberla firmado cualquier grupo top del sonido Goteborg de finales de los 90. Un final que te deja con una sensación extraña: la de no saber si quieres volver a oír al grupo de siempre, al de unos años atrás, o volver a ponerte su nueva apuesta. Porque en lo suyo eran muy buenos, pero ahora, siendo su disco más accesible, dejan un poco la sensación de ser uno más.De momento, parece que van a salir bien parados. En su ascenso de público/recintos en nuestro país está el ejemplo claro. En Madrid, hace ocho años tocaron en Ritmo y Compás, pasaron por Arena, ascendieron a Penélope y en 2016 estarán junto a ARCHITECTS y THY ART IS MURDER en el Palacio de Vistalegre (más información aquí). Y en directo lo siguen partiendo.

Parkway Drive – Ire
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Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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