8Nota Final
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7.4

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Dice Winston McCall que PARKWAY DRIVE ya han sobrepasado al metalcore como tal. En realidad no creo que sorprendan este tipo de declaraciones, cuando ya en ‘Ire’ dejaron claras sus intenciones y la nueva senda a seguir. Aquí simplemente la han continuado y siguen pasando página en estudio; no ya tanto en directo, donde hay himnos que tendrán que seguir tocando sí o sí.

‘Reverence’ es, como digo, una evolución lógica de lo que cabría esperar de ellos. Si en su antecesor ya cogieron lo mejor de las partes épicas de ‘Idols and Anchors’, ‘Wild Eyes’, ‘Carrion’ o ‘Karma’, por poner algunos ejemplos, ahora han hecho lo propio tomando lo ya aprendido en ‘Destroyer’, ‘Vice Grip’, ‘Bottom Feeder’, ‘Writings on the Wall’ o ‘Crushed’ para dar forma a su nuevo trabajo. Y es ese adjetivo el que mejor se puede aplicar a buena parte de sus diez cortes: épicos. Como siempre, hay cosas que funcionan mejor, y otras peor.

Wishing Wells’ no estaba nada mal como primer adelanto… pero flojeaba en el impacto visual. Y es que su vídeo con una sola toma del bueno de Winston y sus expresiones cantando ya no sorprende y se hacía cansino. La canción, más que aceptable, con una intro in crescendo de casi dos minutos antes de explotar, en casi todo momento con una atmósfera bastante oscura y decadente, remarcada en ese estribillo que reza que esta noche su protagonista mata dioses, conservando ese toque salvaje que siempre permanece latente en los australianos.

Con ‘The Void’ se mostraron más accesibles, con esas guitarras melódicas marca de la casa y un estribillo que se colaba por todo lo grande entre lo más pegadizo que han facturado en su carrera para darnos la bienvenida a un mundo de dolor.; automáticamente, un nuevo referente en sus conciertos. ‘Prey’ no le iba a la zaga, con una estructura muy a lo RAMMSTEIN (estribillo facilón y coreable con guitarrazos adornándolo, estrofas dejando protagonismo a la voz) y un aire totalmente festivo. ¿Adivináis? Sí, va a ser otra fija en sus próximas presentaciones en vivo. Aunque personalmente, veo a ambas por debajo del impacto que debería tener ‘Absolute Power’, seguramente la gran joya del álbum. Ese “… the truth drops like a bomb” está llamado a ser un grito de guerra entre sus seguidores, y su último minuto un auténtico campo de batalla en sus pits. No tiene la velocidad de antiguas composiciones, pero su pesadez y caña la hacen destacar por encima de la mayoría.

Si esa es la de cal, la de arena la tenemos en ‘Cemetery Bloom’, que junto a las cuatro ya citadas completan la primera mitad del disco. No es que sea un mal tema, pero parece metida con calzador; como intro (especialmente con su unión con ‘The Void’) hubiera encajado a las mil maravillas, pero como interludio no termina de cuajar. Para la segunda parte, parecidos patrones, pero quizá un punto por debajo de la primera. ‘I Hope You Rot’, sonando algo genérica, cumple; lo mismo ocurre más adelante con ‘In Blood’. Entre medias, ‘Shadow Boxing’ es otra que hubiera cumplido con su cometido de ser apertura, gracias a esa tranquilidad inicial reventada por la caña y los arreglos orquestales, aunque termina enganchando; además, de manera cubierta o explícita, da a entender de ese cambio por el que ha pasado la banda con sus primeros versos (“… Do you see me? Do you see what I’ve become? I’m not the same beast, I leave a scar on all I touch”). Con ‘Chronos’ se salen de la línea, y sus seis minutos no terminan de calar, alargándose demasiado para una canción de esas características; en realidad, no deja de ser un medio tiempo llevado a su terreno en el que lo que termina saliendo mejor parado es su segunda mitad instrumental. Por último ‘The Colour of Leaving’ prescinde casi por completo de esto último, de los instrumentos, convirtiéndose en una outro vocal bastante prescindible que no deja un sabor de boca a la altura de lo que nos habían brindado anteriormente.

Sí, PARKWAY DRIVE ya no son esos chavales embrutecidos que sorprendían con su metalcore, cargado de entrega y pasión. Ahora son unos treintañeros que dando un paso para atrás para simplificar su sonido, para dar dos o tres adelante en cuanto a alcance de su música. Pero es que para seguir haciendo lo mismo ya hay muchos otros; en el fondo, hay muchas copias de copias que terminan sonando iguales, y hay que buscar un punto que te haga diferente del resto. Ellos lo han conseguido.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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