Ojalá Marty McFly y Doc nos hubieran podido avisar hace veinticinco años de todo lo que estaba por venir… El aeropatín que hace poco se anunciaba con un vídeo de Tony Hawk en YouTube parece ser que resultó un montaje. Pero cosas que pudimos ver en la segunda parte de ‘Regreso al Futuro’ se han ido haciendo realidad, como las videoconferencias, el ver varios canales a la vez en una pantalla, el pago por tarjeta de crédito a distancia o el no tener que usar un joystick para los videojuegos. En el año 2011, Nike hizo una tirada limitada de mil quinientos pares de zapatillas que se veían en la película. Las ganancias de su subasta en Ebay fueron a parar a la fundación benéfica de Michael J. Fox, aunque para 2015 (el año al que viajan los protagonistas), se ha anunciado la comercialización del producto. Hace unos meses vi una viñeta que reflejaba a la perfección en lo que se están convirtiendo las redes sociales, esas que no se veían en la película… pero de las que se daban pistas (cuando Marty Sr. hablaba con su jefe, en la pantalla mostraba información sobre él, como hobbies, o su comida y bebida favorita). Bueno, miento. En lo que están convirtiendo muchos usuarios esos inventos, junto a los aparatos para estar conectados a ellas. Ya se sabe: no hay invento malo, sino un mal uso del mismo. Y que conste que yo soy el primero que las usa para muchas cosas. Por más que busqué el dibujito en cuestión por mis archivos, no había manera. Me costó lo mío, pero conseguí dar con ella en Zenpencils.com. Para quien no sepa inglés, entre los comentarios hay otro enlace para verlo en español. Parece que algunos tengan la imperiosa necesidad de compartir absolutamente todo lo que hacen. Que según la viñeta, no deja de ser un déficit de atención del niño que cada uno tiene dentro; y sí, denota un comportamiento infantil muchas de las veces, sobre todo si conectas con otros igual de infantiles que te siguen un juego sin fin. Tienen que contar si van a estudiar o si se van a emborrachar; si salen a cenar o si van a ir al cine. Algunos lo hacen por iniciativa y otros, más manipulables (por decirlo de alguna manera), lo hacen porque algo externo (de su entorno) les hace dar ese paso. En el ámbito relacionado con la música hay varios tipos. Los hay que como si de un DJ se tratara, se dedican a retransmitir lo que están escuchando durante un periodo de tiempo, poniendo un enlace detrás otro. ¿Sabéis el amigo pesado con el que vais en el coche y no para de pasar una canción y otra hasta que da con una que realmente le gusta? Al que le dices que deje una entera de una maldita vez. Pues aquí sucede algo parecido, porque no cuadran las duraciones de las canciones con el tiempo que pasan entre una y otra… pero digo yo que si las pones para que la gente lo vea, es porque realmente te gustan. Pero no, antes de que termine una ya tienes que empezar con la siguiente. Y otra. Y otra más. Parece que estemos obligados, que esa necesidad de no parar de postear sea un acto impulsivo que se hace sin pensar sólo por un placer parecido al yonki de atención del personaje de la viñeta; cuantos más me gusta, retweets o favoritos, mejor, más placentero. Un rato de todas estas cosas está bien; por norma general, un poco cada día, cansa y satura.

Pero es que además lo haces frente a tus contactos. Algunos los llaman amigos, pero para mí es una palabra que se les queda demasiado grande, por mucho que cierta canción nos llamara a tener un millón… que aquí se ven limitados en alguna red a cinco mil. Se nota que algunos llevan a la práctica lo de tener más cerca a tus enemigos que a tus amigos. Esperan comentarios positivos sobre lo que sea. En caso de que sea algo malo o que deja una libre interpretación (vamos, algo impersonal pero que da lugar a las dudas), que se preocupen por ti, que te pregunten qué pasa o ha pasado. “¿Qué te pasa?”Peter Griffin ironizó muy bien sobre el asunto en un episodio de Padre de Familia. O si pones algo personal (una foto, un pensamiento banal, cualquier tontería…), que te adulen. “Que guap@ estás” (cuanto daño están haciendo los selfies descontrolados), “muy de acuerdo contigo”  y cosas por el estilo. Pobre del que se atreva a decir realmente lo que piensa (algunos lo llaman verdad), porque tendrá hordas de orcos que se echan sobre él como si fuera un criminal. Los mismos que por la razón que sea (que ellos mismos se inventan), se creen superiores a los demás. Si eres uno de ellos, molas. Si no, lo mismo también, pero menos. He ahí la distinción casi sectaria. Viva la libertad de expresión.

En ese aspecto, también se dan casos sobre bandas (sea cuál sea) o incluso los propios músicos que tienen su página oficial. Informar y mantener un contacto directo con tus seguidores está bien, se agradece. El interactuar con tus seguidores, contar como va la gira de turno, la grabación de tu nuevo disco, noticias varias, novedades… Varios medios, y yo el primero, en cierto modo nos aprovechamos de mucha de esa información para eso, informar, extender la noticia. Pero tampoco hace falta un bombardeo constante de nada. Porque a la larga es eso, nada, y a algunos se les ve a leguas que lo que quieren es un pequeño baño de masas para sentirse queridos. No es noticia que el lunes de la semana que viene vayas a dar una noticia… que termina por lo que digo, no ser nada. Crear expectación está bien, marear la perdiz no. No hay porqué lamer el culo de manera deliberada, también hay hueco para la crítica constructiva y algunos lo entienden como un ataque personal cuando no es así: son opiniones, gustos, diferencias. El debate está bien siempre y cuando esté argumentado y no se caiga en el insulto fácil ni una palabra mal sonante cada dos. Que esa es otra: no hay que estar cabreado todo el día, de verdad. No me refiero a ir de antisistema, sino a que parece que el mundo esté contra ti… y tú contra todo él. También hay casos en los que muchas de esas actualizaciones de estado son aprovechadas por los que, podríamos llamar, aguilillas de la red. Lo bueno de internet es que cada uno se puede promocionar de la mejor manera posible como buenamente pueda. Pero no dejan de hacerme gracia los que publican comentarios con la noticia en cuestión… dentro de esa misma noticia. ¿Qué sentido tiene eso? O los que ponen en la página del grupo en cuestión, a las dos horas de que haya terminado su concierto, la foto de turno bajo el famoso “no uses esta foto sin mi permiso, todos los derechos reservados”. Respeto el trabajo de muchos compañeros fotógrafos, porque tengo varios amigos en el gremio, pero como en todo, hay casos  y casos, formas y formas. Y algunos no conocen sus límites, o pretenden equiparse con quien no pueden ni deben. Hay profesionales que llevan al cuello seis mil euros en equipo y que no sólo se dedican a hacer fotos de conciertos. Por favor, seamos un poco serios. Llevado al límite, algunos se aprovechan para darse autopromoción constante felicitando el cumpleaños de tal o cual músico a través de una de las fotos que ha subido a su página de fans. Pero ojo, no uses la foto que pongo porque te meto un paquete que te cagas y organizo una caza de brujas contra ti. ¿Es una felicitación real o estás usando ese día y a esa persona para ver si consigues algún seguidor más de tus fotitos?

Pasemos ese caso del yonki de atención a un asistente a un concierto, que enlaza en cierto modo con otro artículo sobre lo que hace la gente que va a ellos. En ocasiones, los smartphones deberían estar prohibidos durante las actuaciones. A qué estamos, ¿a ver al grupo de turno o a actualizar tus estados? Que han tocado tal o cual canción, de acuerdo. ¿Es necesario que lo cuentes al momento, que no te puedes esperar una hora? Parece ser que no, pero no es sólo eso. Una llamada al amigo que no ha podido ir por X razón puede ser un detalle, se puso de moda en cuanto empezaron a aparecer los teléfonos móviles, aunque lo que se escuche sea siempre una bola de ruido. La miga del asunto viene una vez publican algo; vuelve la necesidad de mirar si alguien ha interactuado contigo (rizando el rizo, con los propios que están allí, en ese mismo sitio). Si lo han conseguido, liberan a la bestia y entra en un círculo vicioso de publicaciones; es su placebo. En realidad, es la pescadilla que se muerde la cola: están días escribiéndose con gente para quedar ir a tal o cual sitio/concierto, para una vez están allí, no hacerles caso y estar más pendiente de tu teléfono para comunicarse con otras personas que no han ido. Y así una y otra vez en una cadena interminable que hace que a la larga, en persona, apenas se relacionen con nadie y en vez de mirar a los ojos mires una pantalla.

escuchapreviaTomemos como ejemplo dos campañas publicitarias más, ya para ir terminando. Una que dice “… acabo de grabar el vídeo más increíble de mi vida. Yo y trescientos mil más. Pero para cuando ellos lo suban, el mío ya será trending topic”. Una frase, una imagen de una chica grabando un concierto en medio de una masa de gente  y treinta segundos que dan mucho que hablar. Entre esa burrada de gente (debe estar en Woodstock, Rock in Rio, el de verdad, o algo parecido) parece que nadie más tiene 4G, o eso se nos da a entender; da que pensar que ninguno otro tenga esa compañía… por algo será, ¿no? Pero dejando de lado el sarcasmo y yendo al mensaje que realmente transmite, parece que inciten a que tengas que compartir algo de la manera más rápida posible, cuando deberías estar disfrutando el momento. Eres más rápido, tienes que quedar por encima del que tienes al lado, delante o detrás. Más que una oportunidad que se te ofrece, parece una obligación. En otras palabras: vas a disfrutar más si grabas una mierda de vídeo, dejas de prestar atención al concierto y lo subes con tu nueva tarifa de datos ultrarápida de la muerte, que si te guardas el móvil en el bolsillo y te pones a cantar a pleno pulmón. Y de esos los hay hasta con tablets…

Otra viene de nuestro querido Spotify, ese que tantos momentos de placer nos da a sus usuarios… pero que entre sus cuñas publicitarias también nos impulsa al consumismo impulsivo, efímero y desechable. “Pulsa y mantén para oír una muestra. Pásale un casting a las canciones con las muestras de audio”. Muchos oyentes parece que escuchando una canción ya pueden juzgar un disco. O un grupo. Ya ni hablemos con treinta segundos… Es como si con los tres primeros minutos de una película ya pudiéramos emitir un veredicto (bueno, algunas nos las destripan ya en sus propios trailers). Pero claro, si en ese tiempo no te convence, parece misión imposible que lo vayan a conseguir con más. Y se pasa a otra cosa, porque la tenemos al alcance de la mano. Así es posible que nos perdamos una cantidad innumerable de música de buenos grupos. Y ampliando horizontes, esa muestra previa también se puede aplicar a la relación con las personas. Con esto no quiero faltar al respeto de nadie, porque vuelvo a decir que es una opinión, no un ataque personificado. Cada uno es libre de usar lo que quiera, cómo, cuándo y dónde quiera, faltaría más. Porque yo también he pasado por alguna de estas situaciones. Pero asusta que las futuras generaciones se estén acostumbrando a algo así, a estar más pendiente del futuro más inmediato, aunque sea dentro de un minuto, una hora o una semana… antes que de vivir el presente y profundizar en él. La vida es ahora, pasa muy rápido, a veces no nos damos cuenta, y a través de una pantalla no somos tan conscientes. Para terminar, no puedo dejar pasar este otro vídeo.

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