7.5Nota Final
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8.3

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Por mucho que me guste mirar hacia delante, seguir descubriendo (y aprendiendo) estilos, grupos y cualquier cosa relacionada con la música, a veces echo de menos tiempos pasados. No ya sólo mis queridos 90, a los que nunca podremos volver, sino a la ingenuidad que te daba cierta edad… y cierta época. Cuando SLIPKNOT salieron a la palestra parecían nueve zumbados haciendo música, te entraban por los ojos. Así fue con su debut, y todavía recuerdo con añoranza aquella expectación ante la salida de ‘Iowa’ cargada de declaraciones y titulares en las que, como fan, te temías que aquello podía ser su último disco; que era lo más brutal que hacían. De hecho, en algunos reportajes de la antigua Rocksound (ahora Rockzone) se podían leer anécdotas de la grabación (y giras) de lo más locas que habías visto hasta el momento. Incluso palpar la locura en el VHS ‘Welcome to Our Neighborhood‘, que mi mejor amigo todavía conserva. Simplemente, una panda de descerebrados que se dejaban llevar sobre un escenario.

Y ahí se quedaron. Una vez crecieron (de manera vertiginosa) y se terminó el misterio de sus identidades, SLIPKNOT se convirtieron en un producto. De lo más rentable, con discos mejores y peores, pero un producto al fin y al cabo. No hay nada de malo en ello, faltaría más. Pero eso, echo de menos cuando te creías lo que te contaban. El hecho de ser una banda que empezó a despuntar con la llegada del nuevo siglo ha hecho que su ascenso fuera progresivo según cambiaban los tiempos con la era internauta. Y para qué engañarnos, al menos a título personal, a uno le cansa ver noticias una y otra vez de Corey Taylor diciendo esto o aquello; cuando aquello y esto es bastante parecido a lo que digo en su anterior trabajo; y al anterior de ese también. Pero al fin y al cabo, son noticia: la generan, y se demanda. Es que hasta las nuevas máscaras dieron tanto que hablar, que aburría el discurso de su vocalista defendiéndose de todos los comentarios ante su nuevo atuendo. Igual que la respuesta para la pregunta de quién se encuentra detrás de Tortilla Man, su nuevo miembro.

Al menos en esta ocasión sí hubo alguna cosa distinta. La ausencia de Chris Fehn fue una de ellas, todavía envuelta en problemas legales de demandas y batallas con sus ex-compañeros. La tragedia también se cruzó poco más de un mes antes de su publicación, con la muerte de la hija de Shawn Crahan por sobredosis. También fue novedad que, en boca de Jim Root, “contradijera” a Taylor de alguna manera en una entrevista para Kerrang Radio (la podéis ver en este vídeo); éste, días antes, había dicho que ‘We Are Not Your Kind’ tenía cosas de ‘Iowa’, y el guitarrista no compararía ni en un millón de años algo que hacen con algo que hubieran hecho anteriormente. Con lo que en cierta manera, no caían en los clichés de siempre… al menos por una parte. Porque por otra, ahí estaban.

De hecho, sin Paul y Joey, buena parte del peso compositivo ha caído esta vez en Root. Más, si cabe, después de haber salido de STONE SOUR (llegó a decir hace unos meses que su relación con Taylor era mejor, pero que de haber seguido juntos en aquella banda se hubieran terminado matando el uno a otro). El aperitivo fue ‘All Out Life’ en octubre de 2018, un single aislado que no terminó formando parte del álbum… pero sí sirvió para darle título (y aparecer en la edición japonesa del mismo). Musicalmente, continuista con sus últimos tiempos: mucho arreglo, ritmos muy machacones, Corey cabreado en su lado más agresivo en su mayor parte, tramo central más ambiental con partes de marcha militar (muy al estilo ‘The Blister Exists’), parte final precedida del caos… Era un buen tema, pero parecía hecho en base a corta/pega de distintas ideas sin mucha cohesión.

Al hablar de tiempo pasado, también echo de menos el tomarte tu tiempo para hablar y opinar de un disco. Puede que hayan pasado más de dos meses de su publicación, pero creo que ahora puedo valorarlo de una manera mejor que con la inmediatez de su salida, con una velocidad que cada vez es más apresurada y precaria. Cuando estrenaron ‘Unsainted’, la sensación fue recurrente a su historia pasada más reciente: se trataba del típico single con gancho, especialmente con unas melodías brillantes, con un Corey en estado de gracia. Estructuralmente, con similitudes con el tema mencionado más arriba, con una pequeña parte tirando hacia un caos, esta vez más controlado. En el álbum viene precedida de ‘Insert Coin’, una intro que dista mucho de la esquizofrénica ‘(515)’ o la enfermiza ‘742617000027’. Y es que, ni ésta ni ninguno de los interludios (dos, concretamente) terminan por aportar nada al disco. Pero vayamos con lo positivo, porque en este trabajo hay mucho donde rascar. En ‘Birth of the Cruel’ se marcan unos arreglos de la época buena de Manson, alternados con algunas partes que recuerdan a su debut; es más, es innegable la influencia de ‘Prosthetics’ en ella (una canción que recuperaron para su set en su última gira). Y es que tanto Sid como Craig están muy presentes, incluso en un primer plano varias veces. El lado más oscuro de los de Iowa se deja caer en ‘Critical Darling’, otro de esos momentos brillantes… a pesar de alargarse en su outro. Ésta, enlaza con ‘A Liar’s Funeral’, que aunque de primeras se asemeja a una nueva ‘Snuff’ o ‘Vermillion Pt. 2’, deriva en una composición con un toque más pesado.

También hay momento para ir directos al grano. ‘Nero Forte’ es un cañonazo en el que vuelven a usar el recurso de ‘Three Nil’ de redobles cerca del final… pero también peca en su duración. ‘Red Flag’ otro de los trallazos que no deberían faltar en sus conciertos para mantenerse en todo lo alto. En el lado negativo, además de la ya citada duración en algunos momentos, el álbum empieza a costar según avanza. ‘Spiders’ es de lo más experimental que han hecho (precedido del interludio ‘What’s Next’, que parece música de ascensor). Los arreglos vuelven a recordar a la buena época del Reverendo y los suyos, ay, qué tiempos aquellos… Puede que sea una canción que nunca vayan a interpretar en vivo, pero dentro de lo que han hecho, al menos sorprende (y en mi caso, para bien). De ahí en adelante, el álbum comienza a decaer hasta su cierre. A ‘Orphan’ le sobra minutaje, y tanto sus riffs como sus ritmos te dan una sensación de reciclaje innecesario; eso sí, de nuevo Corey está a un nivel altísimo. Con ‘My Pain’, vuelta a lo atmosférico, resultando más un interludio largo (ojo, casi siete minutos) que una canción al uso. A ‘Not Long for this World’ le sobra un minuto por delante y otro por detrás. Con una intro y dos interludios, esos pasajes están de más en la mayoría de ocasiones. Llegados a ‘Solway Firth’ sucede lo mismo que sus inmediatas predecesoras, desluciendo un disco notable, que para la situación actual del grupo, ya es mucho. Recortando un poco de aquí y allá, hubiera sido menos pesado de escuchar en su totalidad.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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