Toco la batería en Le Temps Du Loup y casi siempre he estado muy relacionado con el mundo de lo instrumental, un poco por casualidad, y supongo que un poco por influencias y elección. El camino de descubrir nuevas músicas, bandas y artistas es interminable y uno de los estímulos más placenteros que conozco y lo he seguido desde muy temprano.

Si esta lista la hiciéramos los 3 compadres al alimón, entrarían seguro Mastodon, Cult of Luna, Converge o Amenra. Al hacerla yo, selecciono algunos de los realmente importantes que han formado parte de mi banda sonora. Aunque sea un metalero de pro, siempre me ha acompañado todo tipo de música, lo contrario me parece incomprensible.

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Faith no More – King for a Day, Fool for a Lifetime

Me vale cualquier tema de cualquier disco de estos putos locos. Hacen lo que quieren y les sale de lujo, incluso ser hortera. Que encima marques un estilo, todo lo que hagas sean temazos y marques a una generación es de genio.

Djivan Gasparian – Duduk 

En general, nuestro entendimiento de la cultura y de la música es casi absolutamente etnocéntrico, nos surtimos de la cultura occidental, que es la nuestra propia, y abrirse a otras maneras de entender la expresión de ideas a través del arte puede resultar difícil o poco apetecible. Aquello de ‘músicas del mundo’ creo que ha hecho más daño que beneficio, porque nos hace relacionarlo con nuestro concepto muy limitado de lo étnico o lo tribal. Y esto es muy superficial.

Djivan Gasparian me ha acompañado mucho al viajar. Su poso melancólico y evocador representa sus orígenes armenios perfectamente, pero es increíble comprobar cómo se convierte en algo tuyo, propio y personal cuando lo escuchas en cualquier parte del mundo.

Type O Negative – October Rust

Además de meterme en el mundo de las composiciones larguísimas ya de muy chaval y su derroche de creatividad, su oscuridad (con un poco de parodia a veces, incluso) me atrajo siempre. Impredecibles, únicos y eternos.

Nils Frahm – Spaces

La turra que vengo dando durante la última década con este muchacho… Pero no me canso. No es normal tener un talento estratosférico, ser técnicamente brutal y tener la valentía de este tío para explorar hacia cualquier parte y honrar su música manteniéndola viva: cada vez que revisita su propia obra, la muta y la convierte en algo orgánico. Me refiero casi siempre a su disco Spaces porque aúna perfectamente todo su espectro en versiones en directo, y como dice su título, te puede transportar a esos lugares donde ha sido capturado.

Kodo – Heartbeat Drummers of Japan

El mismo argumento que con Gasparian, pero en este caso atraído doblemente por la cultura tradi japonesa y por la percusión, que es la música más arcana y atávica que existe. Kodo estaría calificado casi como una secta en una sociedad occidental, según nuestra mentalidad. Sus miembros han de superar un proceso de selección durísimo y entrar a formar parte de su comunidad, con un estilo de vida tradicional y entregado a la práctica del Taiko, la percusión japonesa, muy alejada de nuestra manera de entender el ritmo.

Además, cualquiera puede reconocer aquí lo fácil que es conectar con algo tan visceral y agresivo.

Meshuggah – The Ophidian Trek

Uno de los totems. Qué voy a explicar de alguien que ha demostrado sobradamente hasta qué punto puede llegar el metal en cuestión de brutalidad, abstracción, aplastamiento y mentalidad avanzada. Verles en directo y que te partan la cara siempre es altamente acomplejante y orgásmico a la vez.

Explosions in the Sky – The Earth is Not a Cold Dead Place

Cuando creíamos que la música instrumental estaba reservada a estilos muy alejados de lo que queríamos o sabíamos hacer, estos tíos y otro buen montón de bandas nos enseñaron que se podía encontrar belleza y tormenta sónica con un set típicamente rockero. Y que para conseguirlo tampoco había que tocar que lo flipas. Esta noción ha generado toneladas de bandas postrockeras muy aburridas y muy malas desde entonces, enterradas en montañas de guitarras con delay y drumrolls de batería. Pero los padres del estilo siguen sonando tan inspirados y diferentes como entonces.

Arvo Pärt – Für Alina

La obra de Pärt es gigante, cualquier persona necesitaría 3 vidas para componer lo que él ha hecho en una. Sabemos que la música clásica es un universo con muchos prejuicios y lugares comunes (incluso pop). Que, o se entra de lleno y te instruyes, o es esa cosa lejana y de difícil comprensión para la mayoría. Pärt consigue tanto acercarla al oído menos entrenado, como convertirla en algo místico y muy primario, que casi cualquiera puede reconocer. Musicalmente, me hizo entender que los espacios y los silencios son tan importantes como las notas que tocas.

Nine Inch Nails – The Downward Spiral

La rabia y el catálogo de nuevos sonidos que desplegó el bueno de Trent fue una aventura total. Este disco fue y sigue siendo flipar entre el desconcierto, la mala baba y unos temazos salvajes e hipnóticos. Uno de esos discos de los que no quitaba ni un segundo.

Boards of Canada – Geogaddi

Cuando empezó a surgir el IDM en los 90, hubo una avalancha de experimentación, muy ligada a las nuevas posibilidades de la producción digital. Algunos consiguieron trascender para conseguir hacer verdadera música, más allá de la pista de baile o de la mera búsqueda de nuevas texturas. Los paisajes de Boards of Canada consiguen crear una sensación muy especial de irrealidad confortable que sigue viva con el tiempo. Ellos mismos definieron lo que trataban de conseguir como “hacer un disco y dejarlo al sol a que se seque y se deforme” y me parece muy acertado.

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