Smashing_Pumpkins_-_Mellon_Collie_And_The_Infinite_SadnessComo si fuera ayer recuerdo el momento en el que vi el vídeo de ‘Bullet With Butterfly Wings’ en la televisión. Porque sí, 1995 era una época donde un grupo como THE SMASHING PUMPKINS tenían sitio en un programa musical cuando en nuestros aparatos, sin parabólicas de por medio, no llegábamos a diez canales. No han sido pocos los ejemplos que hemos visto en Miradatrás de clips de aquellos años que sin mucha dificultad podíamos ver en España. En su caso, si la memoria no me falla, en el programa semanal de los 40 principales. Pero también los pudimos ver en un especial que La2 dedicó al Festimad del 96. Y en la misma cadena, un documental con extractos de sus grabaciones, entrevistas y demás.

El videoclip llamaba la atención por sí solo. Era superoscuro, atrapante, con el grupo tocando en mirad de una excavación. Aunque todavía me pregunto de qué iba la historia. Pero ahí estaba la bajista con su pelo azul y su vestido blanco, un cantante con una camiseta que se convertiría en mítica, un tío aporreando la batería y un tío oriental con el pelo largo y sombra de ojos. Esa canción, sólo ella, hizo que me comprara ‘Mellon Collie and the Infinite Sadness’. Porque volviendo a lo que decía al principio, en aquellos años con una canción te comprabas un disco casi a ciegas. Incluso si te gustaba la portada y no era muy caro, te lanzabas al vacío, por si acaso. A veces ganabas, otras no. En este caso triunfé, porque a pesar de que me costó lo suyo (era un doble CD de veintiocho canciones), triunfé.

Dos de los otros cuatro videosingles los pudimos ver también asiduamente. ‘1979’ fue uno de ellos, con una grabación muy actual, casi como si se hiciera con una go-pro, narrando la historia de unos adolescentes de fiesta; musicalmente, con un ritmo de lo más pegadizo, lo que hizo que se convirtiera en una de las favoritas de los seguidores. Lo mismo se puede decir de ‘Tonight Tonight’, con esa orquestación inicial, con unas melodías geniales y con una filmación al más puro estilo del cine mudo en ‘Viaje a la Luna’. Igual de raros que cada uno de sus vídeos era el libreto (cuando nos deteníamos a leer las letras), con un símbolo asociado a cada tema. O que los compactos, uno ‘Dawn to Dusk’ y el otro ‘Twilight to Starlight’; uno rosa, y el otro azul. Todo eran contrastes. Uno de los vídeos que apenas tuvieron difusión en nuestro país fueron ‘Zero’ (que por cierto, no tienen subido en su canal de YouTube), ese título que acompañó siempre a la camiseta mencionaba de Billy Corgan y la frase eterna de “… Emptiness is loneliness, and loneliness is cleanliness and cleanliness is godliness, and god is empty just like me” a la que seguía su (gran) gusto por la distorsión. El otro fue ‘Thirty-Three’, sentimiento en estado puro y mostrando su lado más íntimo y calmado.

Como decía, durante veintiocho temas y más de dos horas de música, había espacio para todo, porque THE SMASHING PUMPKINS era un grupo de contrastes. Al principio, muy al principio, elegí mis canciones favoritas y programaba el reproductor para que me saltara de una a otra. Gran error, porque me fui dejando por el camino auténticas joyas. En el primer disco, estaban la rabia de ‘Jellybelly’ y ‘And Ode to No One’ sobresalían. Y si hacía referencia a la distorsión antes, ‘Love’ se llevaba la palma en ese aspecto, cantada desde las entrañas. En su faceta más accesible, ‘Here Is No Why’, la melancólica ‘To Forgive’, ‘Cupid De Locke’ con su arpa hipnótica, ‘Galapogos’, una alegre ‘Muzzle’ (que siendo single, no se rodó vídeo para ella) y la ambiental ‘Take Me Down’. Y si queríamos un poco la mezcla de todo, ahí estaba ‘Porcelina of the Vast Oceans’. Como disco completo, me quedo con el primero. Pero si tengo que elegir canciones sueltas, sin duda son del segundo.

‘Where Boys Fear to Tread’ y ‘Bodies’ me siguen pareciendo dos de las composiciones más infravaloradas de toda su carrera. Una oscura y decadente desde sus primeras notas, y la otra rápida y con su repetitivo mensaje “Love is suicide”. Aquí los altos eran muy altos, y los bajos muy bajos, alargándose la distancia entre los extremos de sus distintas propuestas. Cortes como ‘In The Arms of Sleep’ e incluso la acústica ‘Stumbleine’ llegaban a pasar desapercibidos. No digamos ya el tramo final, con una atípica y extraña ‘We Only Come Out At Night’, la repetitiva ‘Lily (My One and Only) o ‘Farewell and Goodnight’; algo mejor estaban ‘Beautiful’ y sobre todo ‘By Starlight’, dando pistas en ambas de por dónde irían en ‘Adore’, su siguiente obra. Pero había dos temas donde repartían cera como en ninguno, además de otra maravilla larga titulada ‘Thru The Eyes of Ruby’. ‘Tales of a Scorched Earth’ es una oda a la mala leche que se ve acrecentada en ‘X.Y.U’

Hace tres años publicaron, sin aniversario de por medio, una reedición con tres discos más otro en vídeo. En aquel box-set de precio desorbitado incluyeron en DVD su directo de Rockpalast de 1996, y el de Brixton un año antes. Y nada fue igual. La cima compositiva de Corgan fue esa, con ‘Adore’ experimentó (¿más de la cuenta?) y ‘Machina: The Machines of God’ fue su despedida temporal, para pegársela tanto con ZWAN como en solitario, resucitando sus calabazas a mediados de la década pasada, editando hasta cuatro trabajos hasta ahora… pero sin acercarse a lo que fue en el pasado.

Veinte años de 'Mellon Collie and the Infinite Sadness' deThe Smashing Pumpkins
9.1Nota Final
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