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A comienzos de 2019 TOUNDRA anunciaba un concierto de lo más especial: “Interpretaremos música hecha particularmente para hacer de banda sonora del clásico del cine expresionista alemán: El Gabinete Del Doctor Caligari de Robert Wiene”. La propuesta nacía de la promotora Café Kino, que invitaba a artistas (grupos y solistas) a poner música a películas antiguas mudas. Aquel 8 de mayo, en los cines Capitol de Madrid (y con todo lo que precedió por detrás a dicha cita) empezó algo que algo menos de un año después ha tenido continuación. Porque lo que parecía un hecho único y aislado, ha resultado ser un proyecto con recorrido.

Así llegamos al pasado 4 de diciembre, día en el que anuncian la salida de esa banda sonora como trabajo de estudio, con su consecuente gira de presentación en una serie de fechas señaladas… que evidentemente, se han tenido que cancelar (bueno, en realidad los conciertos europeos se aplazaron a septiembre, aunque a día de hoy toda celebración de este tipo de eventos es muy incierto); sólo se realizaron las presentaciones de Madrid, Zaragoza y Barcelona. La duda es, siendo un grupo de música, y habiendo creado el acompañamiento de una película mítica del cine mudo, ¿funciona su obra sin la imagen? La respuestas es sí y no.

Me explico, aunque tampoco hay que hacerlo mucho. Sobre estas líneas tenéis el enlace de Vimeo en el que se puede disfrutar de manera íntegra del film de Robert Wiene con la banda de fondo; una delicia audiovisual con todas las letras de esta siniestra obra expresionista alemana. Empezando por los títulos de crédito, y siguiendo con cada uno de los seis actos posteriores. “Hay fantasmas, nos rodean por todas partes. A mí me han apartado de mi tierra, de mi mujer y de mi hijo”. Así arranca esta obra centenaria, de manera oscura e inquietante, con Francis haciendo introducción de la historia que está a punto de contar. La ambientación, incluso dentro de un mismo acto, pasa por distintos estados y picos. Ese halo cálido inicial se transforma en incerteza con el cambio de plano, comenzando un in-crescendo que sube a medida que avanza la historia y en la que Álex y su batería tienen mucho que ver. La figura del Dr. Caligari entra en acción previa al paso a La Feria, en la que se ambienta parte de la película. Las transiciones entre escenas y la manera en las que la tratan también juegan un papel fundamental, añadiendo admiración a la dificultad que habrán tenido a la hora de componer como un todo, cuadrando duraciones.

El segundo acto cambia por completo la atmósfera, con el Doctor presentando a Cesare, el sonámbulo. “… Tiene 23 años y duerme desde hace 23 años ininterrumpidamente día y noche. Resucitará ante sus ojos del rígor mortis. ¡Pasen!”, dice. Ante las dulces melodías de Esteban y Macón, vuelve a ser la batería (y el bajo de Alberto) los que suben el ritmo en algunos momentos antes del primer gran momento de la película. Como amo de Cesare, le insta a despertar, y cuando lo hace, la instrumentación es soberbia, alentando esa sorpresa de los propios espectadores de La Feria. Ahí comienza realmente todo el desarrollo con Alan y Francis, más una mujer que aparece. Amistad, amor, muerte… Todo se enlaza. El tercer acto se inicia con la agonía y desesperación ante algo inesperado, y probablemente en esos primeros minutos es cuando menos podamos reconocer a los TOUNDRA de siempre… antes de que vuelvan a la carga ante la determinación de Francis de resolver el asesinato de su amigo.

De nuevo entra la onda más experimental de la banda mediado este tercer acto en el que se juntan la trama del interrogatorio a un sospechoso y la investigación a Caligari. De nuevo la incertidumbre que emana de los cuatro músicos es fundamental en este punto previo al cierre del acto. Como apertura del cuarto, la trama avanza lenta pero tensa, con el subidón del intento de asesinato de Jane por parte del sonámbulo, que termina siendo secuestro, como punto álgido. La quinta entrega empieza todavía más lenta, con Francis descubriendo que el sonámbulo era un maniquí (y por tanto, sospechoso del rapto de Jane), ante lo que Caligari huye a un manicomio. En su afán por esclarecer todo, pide hablar con el director… que resulta ser el propio doctor; dicha revelación vuelve a marcar uno de los momentazos de la banda sonora, evocando esa resignación, como si del despertar de una pesadilla se tratara. Con sintes de fondo investigan en su ausencia los libros de su despacho, encontrando el patrón de lo que venía realizando en una historia pasada, con el trasfondo del abuso de poder ante los débiles de conciencia. Es ahí donde encontramos los guitarrazos más contundentes de esta experiencia, por poco que duren. Pero la intensidad de estos se ve continuada en los primeros compases del sexto acto ante la resolución del caso, diluyéndose en un epilogo de lo más sosegado, que sólo sale de su senda lineal en el último minuto. Este, nos devuelve al presente, a Francis como narrador con un inesperado giro final, en el que se demuestra un siglo después, es un recurso de lo más utilizado y copiado.

Vuelvo al principio. ¿Es disfrutable esta obra sin las imágenes? Sí, aunque no entendido como un álbum del grupo como tal. ¿Es la mejor manera? Absolutamente NO. La mayoría de pasajes se asocian a escenas y personajes, repitiéndose patrones en algunos de ellos. En definitiva, TOUNDRA se han vuelto a reinventar y a buscar nuevas aventuras dentro de su trayectoria. Porque aunque lleve su nombre, esto es otra especie de vía de escape como lo fue EXQUIRLA (aquí reseña), buscando experimentar en una carrera que parece no tener techo, y añadiendo el mérito de tener que ceñirse a un guión (e imágenes) ya creadas con (mucha) anterioridad. Sea con un cantante externo o haciendo una banda sonora desde cero, siempre salen triunfadores.

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