nailbombpointPuede que sea casualidad, pero el hecho de que Max Cavalera se marque un nuevo proyecto alternativo (llámese supergrupo o como cada uno quiera) cuando se cumplen dos décadas de Nailbomb y su ‘Point Black’. Ahí quedo, en el olvido de muchos, pero siendo uno de esos discos de la época dorada de Roadrunner que a la larga han quedado algo infravalorados. Hay que poner en precedentes: Max Cavalera venía de petarlo con Sepultura tras sacar ‘Arise’ y ‘Chaos AD’ los años anteriores, antes de que empezara el culebrón que sigue durando hoy en día, y después llegaría el mundialmente conocido ‘Roots’. Pero entre unos y otro tuvo tiempo de juntarse al inglés Alex Newport, de Fudge Tunnel y Theory of Ruin.

El hecho de que sólo dieran un concierto, en el Dynamo de 1995 (posteriormente se editó su directo, y años después también en DVD, sin ningún tipo de extra; 40 minutos de concierto sin más) hace que muchos vean en esta banda un grupo de culto. Quizá tanto no, pero en el fondo fue una pena que no tuviera ningún tipo de continuidad. Sobre todo viendo que, siendo realista, Max se ha ido estancando en unos patrones de composición de los que parece no salir. Killer Be Killed parece que tiene una vía de escape para esa losa, pero incluso las partes en las que canta él parecen estar dictadas y fijadas por esas ideas fijas. En dicho show se pueden ver colaboraciones como la de Igor Cavalera o D.H. Peligro (de Dead Kennedys) en la batería, Evan Seinfield de Biohazard al bajo, e incluso de un joven Richie Cavalera (por aquel entonces de apellido Bujinowski) tocando la guitarra, el hijastro de Max que actualmente milita en Incite, y que ha girado con Soulfly. En estudio, por su parte, contaron con Andreas Kisser grabando la guitarra en la mitad del álbum, mientras que Dino Cazares colaboró en ’24 Hour Bullshit’. Nailbomb tuvo su momento, que no duró mucho, pero la energía y mala leche que emanaban la mayor parte de las canciones que compusieron y el toque industrial (con unos samplers que en años posteriores acompañarían a innumerables formaciones de metal) que les imprimieron, añadido al hecho de ese concierto aislado, les convirtió en algo único. La ira que destilan temas (ya en los títulos lo exponían claramente) como ‘Wasting Away’, ‘World of Shit’, ‘Sick Life’ o ‘For Fuck’s Sake’ dejaban claro lo cabreados que estaban. También lo demostraron con la portada de la vietnamita apuntada por un arma de un soldado americano, o con el título del directo, en la que declaraban estar orgullosos de cometer un suicidio comercial. Desde luego, su producto no era apto para todos los públicos.

Veinte años de 'Point Blank' de Nailbomb
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