Complicado, muy complicado explicar con palabras la comunión que consiguió CATORCE con el público madrileño el último día de febrero de este 2019. Antes, ELLA LA RABIA pusieron toda la carne en el asador en un concierto casi calcado al del Destroyer Fest, del que no habían pasado ni tres meses. Edu Pérez es un torbellino, y si se tiene que bajar a cantar entre la gente o hacer crowdsurfing, lo hace. Repasaron de nuevo su debut, publicado en marzo de 2018 con Rock Estatal Records, volvieron a contar con las colaboraciones de Juan Blas y Jorge Vileilla para ‘Atenai’ y ‘La Huella’ respectivamente, y en definitiva, supieron calentar el ambiente a pesar de una diferencia de estilos evidente con los sevillanos.

No han sido tiempos fáciles para el trío, que volvía a la capital después de actuar la noche de Halloween de 2017, en la que acompañaron a TENPEL… con la salvedad de su participación en el Download Festival 2018. Esta vez estaban solos ante el peligro, como quien dice (la anterior, en enero de 2014, también abrieron para NP y APHONNIC), y no pudieron salir mejor parados. Como sabéis, las crónicas en la web brillan por su ausencia, y a veces se convierten más en artículos de opinión que otra cosa. Esta no va a ser distinta, así que vamos a reivindicar muchas cosas.

‘Arcadia’ (aquí su reseña) es el culmen a su corta carrera (“corta” entre comillas, diez años y tres discos a sus espaldas). A nivel compositivo, letrístico, instrumental, y por supuesto, llevado al directo. Personalmente, tengo debilidad por los textos de Jaime, que no se limita a vaciar pensamientos o escupir ideas; en ellos hay un montón de belleza por descubrir, y seguramente, con varias lecturas según el oyente/lector. Antes de meterse de lleno en ellos, y mientras sonaba ‘Automáta’ como intro pregrabada, había que ver su cara sintiendo y gritando su letra fuera de micro, para enlazar con ‘Myria’ y posteriormente ‘Einstein-Rosen’. Aunque la base clara sea su nueva obra, las concesiones a ‘A.N.E’ son obligadas, con ‘La Herida’, ‘Nuevacosta’ o como no, ‘Farsalia’, que fue su timonel en aquella navegación; una pena que nos faltara ‘La Ingravidez’). Cinco años han pasado de ‘Atlas’, de la que recuperaron ‘Caminantes’ (lo bonita que hubiera quedado ‘Marzo’ para entrar esa madrugada en el mes, qué, ¿eh?), pero las vistas la tienen fijas en el futuro. O al menos, el presente.

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El “… estoy aquí y te da igual, no siento nada, soy una más” es de las frases que más me ha llegado en mucho tiempo, y cobró sentido completo esa noche. ‘Tannhäuser’, una clara referencia a Blade Runner (y en cuya letra encontramos más todavía), fue presentada como esa canción que habla sobre hacia dónde vamos, al ser esclavos de una imagen que parecemos obligados a proyectar en casi cualquier momento. Si digo que el 90% del público apenas sacó el móvil (al menos desde mi posición cercana al escenario) durante todo el show, quizá me quedo corto. La magia de CATORCE creo que residen en, además de subir peldaños, haber hecho un discazo y cada vez tener más seguidores, haber conseguido conectar con quién les escucha. Allí estaban ellos, allí estábamos nosotros, y parecía que a nadie le daba igual; una suerte. José Miguel, que además suma coros, parece haber encontrado al compañero de baile perfecto en Luis, nuevo batería (que le pega que da gusto). Entre ambos forman la base sobre la que las melodías de guitarra suenan hipnóticas. La unión de los tres consigue reflejar una honestidad brutal que lo transmiten sobradamente.

El subidón, esa sensación de conseguir dejarte en una nube, venía gracias a ‘La Montaña’, a ‘Caribdis’ o esa oda a no ser grande sentirse vivos. Lo demostraron los presentes allí dejándose la garganta, en una sensación que tiene que ser la más placentera de un músico: escuchar como cantan tus composiciones. No son de hablar fuera de sus instrumentos, y poco necesitaron interactuar más allá de invitar a comprar algo de su catálogo, con “… novedades, souvenirs, artículos de coña”. Puede que lo único que no tenga cabida de ‘Arcadia’ en sus directos sean esos temas más ambientales que sirven para despertar de cada tramo/sueño, y no hacen falta (de momento)… porque esa es la sensación que tiene quien los ve: la de afrontar una realidad después de habernos hecho soñar. “Ya sólo somos agua, no hay naufragio”… y ahí teníamos esa maravilla, ‘Antípodas’, que en cierto modo hace de enlace con sus dos trabajos más recientes; sin duda, el punto álgido de la noche junto a ‘Ekbomb‘.

Y de igual manera que se encargaron de transmitir, después de ese zenit instrumental, por donde llegaron, se fueron, agradecidos; sin más. Dejaron sus instrumentos, José Miguel se bajó al puesto de merchan, sus compañeros recogían tras haber echado el telón, y ahí estaban, sin foto final ni siendo esclavos de tener que vender esa imagen. Y ahí estaba el público abajo, con gente de DELPHOS, VIRGEN, CABOVERDE, DELOBOS o LE TEMPS DU LOUP entre otros, igual de agradecidos por esa noche. Cada vez más gente son parte de esto, y no olvidan la emoción.

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