Esto no es una crónica normal de la tercera edición del Destroyer Fest. A los lectores frecuentes de la web no les sorprenderá a estas alturas salirnos de la tendencia habitual para hacer algo distinto. Si queréis un artículo donde se enumeren las bandas y las canciones que toca cada una, de manera automática y complaciente, podéis cerrar esta pestaña. También, si buscáis fotazas de los protagonistas, podéis encontrarlas en otros sitios.

Rezaba un post de VIRGEN en sus redes sociales que “… las escenas ni se crean ni se destruyen, se transforman” (lo podéis leer al completo aquí). Poco después se les unía CABOVERDE publicando la foto final del show en la que decían “… Fijaos bien. Imposible diferenciar quiénes son los músicos y quiénes forman parte del público, dónde termina el escenario y dónde empieza el foso, difícil recordar qué banda tocaba en ese preciso momento y es que amig@s, en eso consistió el #destroyerfest”. Posteriormente, el resto de bandas, así como Dani Claudín (responsable del festival) se fueron sumando a ese tipo de mensaje y agradecimientos, y no era para menos.

Soy de los que hace tiempo dejó de creer en esa palabra que se llama escena; también en el famoso relevo generacional. Dejé de hacerlo porque vi toda la mierda que había detrás de muchos grupos, de varios promotores, de un montón de medios y gente relacionada en este mundillo. Dejé de hacerlo porque no quería formar parte de algo tan hipócrita y egoísta, y que todavía me crea bastante rechazo; por eso tengo la manera que tengo de llevar MiradAlternativa. Por mucho que al más puro estilo de Astérix, haya un grupo de gente formado por irreductibles personas que resiste todavía. Como todo en esta vida, generalizar está mal, y no deben pagar todos el plato.

Arrancaba la noche con SKYLINES, un joven trío madrileño que lo dio todo ante una sala todavía bastante vacía, pero que según avanzaba su actuación, fueron atrayendo gente cerca del escenario. Al más puro estilo de BIFFY CLYRO (o de mis queridos NOTHINK), se encargaron de presentar su primer EP, ‘Inertia of the Anchors’ (con ‘True Believers’ como timón, acompañados de Edu de ELLA LA RABIA), así como el single ‘Fading Lights’ de lo que será su primer álbum, a ver la luz a principios de 2019. Éste, así como su anterior grabación, la hicieron en los Westline Studios de la sierra madrileña, y a buen seguro que Juan Blas estará orgulloso de lo que tienen entre manos. Muy prometedores. Y mil perdones por no haber grabado ningún extracto para el vídeo superior. Nos resarcimos a la próxima.

De VIVEN ya dije casi todo en la reseña de ‘Las Tripas y el Lodo’. Y creo que sólo hay una cosa mejor que el propio álbum: su directo. A piñón fueron tras ‘Cuentos de Izar las Velas’, con un Rubén que lo único que dijo fue algo así como “… somos los putos VIVEN de Barcelona. No se me da muy bien hablar sobre el escenario, así que si queréis merchan, ahí tenéis el puesto. Bona nit”. Todo lo que vino después fue magia. Si ya en estudio daba la sensación de ser un poeta narrando historias con música de fondo, esa sensación se multiplica por diez en vivo. Bien acompañado por su hermano Eloi tras la batería, Carlos al bajo y Dani Soler en la guitarra, dieron otra dimensión a uno de los mejores discos de 2018. Esas influencias melódicas de MASTODON, la pose a lo Hetfield en el ‘Live Shit’ con su explorer de Rubén, la manera de ejecutar sus composiciones… La verdad es que no necesitan hablar, porque ya se comunican con el público de otra manera; la mejor, de hecho, en la que sobran las palabras y hablan los hechos; y eso que “son las palabras las que sobran” ya se encargaron de cantarlo otros más tarde. Maravillosos. Si ya fueron para mí el descubrimiento del año (gracias, Víctor García-Tapia), ahora son una realidad a la que seguir de cerca.

Aunque ‘Polsaguera’ tenga ya más de tres años, por circunstancias no había podido ver a VIRGEN en esta nueva etapa, aunque con su debut fueron unas cuantas. Y la verdad, me encontraba con una banda muy distinta en apariencia, pero con la misma esencia que me enganchó hace diez años. Otra formación, distintos miembros, transformada en cuarteto, y que ante imprevistos, se veía completa por Dario de OSEZNO al bajo. Hasta ahí las diferencias aparentes. También musicalmente distinta, más ruidosa con Jorge portando la guitarra en alguna de sus canciones, pero con ese espíritu loco y hardcore cuando se la quita y le lleva a bajarse al público a cantar ‘Abocaperro’. Mención especial para el recuerdo al pasado con ‘Cada Vez’, que a algunos nos tocó la fibra, saliéndose del concepto ‘Polsaguera’ con su homenaje a la Vega Baja. Quien tuvo, retuvo.

Si con VIVEN digo que han sacado uno de los discos del año, con CABOVERDE ocurre lo mismo, con el añadido de ser un debut. No son nuevos en esto, pero tienen la frescura y las ganas de quienes sí lo son. Desde Juan, frontman absoluto, hasta el buen hacer de Javi al bajo, el porte de Pablo a la guitarra, y aunque se le viera poco por el humo, a Tweety, que me sigue pareciendo uno de los mejores batería de este país (al que añade unos coros que quedan de vicio). ‘La Peor Versión de Nosotros Mismos’ suena potente y delicado a partes iguales en directo; de hecho, casi me gusta más esa segunda faceta. Desde ‘Terracota’, con la que abrieron, hasta ‘Nada que Celebrar’… por mucho que ésta no termine de entrarme por mi aversión a los coros “oh oh oh”, por bien que quedaran esa noche con la colaboración del público. Mención especial para dos de los temas más tranquilos y experimentales, ‘Lectura Obligatoria (para Conciliar el Sueño) y ‘El Triángulo de las Bermudas’, en los que se lucieron. Imposible destilar más clase. Espero que le den continuación más pronto que tarde.

Posiblemente, ELLA LA RABIA eran el grupo menos afín a mis gustos, aunque su debut homónimo me convenciera (aquí su reseña). La sombra de BERRI TXARRAK se hace más evidente en su puesta en escena, y pusieron todo patas arriba, con un público entregado, con la colaboración tanto de Juan de CABOVERDE como de Jorge de VIRGEN, con unas ganas como pocas bandas he visto últimamente y con un Edu desatado. Cortos e incendiarios, demostraron que hay vida más allá de KILLING PETE, y que no pasa nada para, llegado un punto, si quieres moverte en otro estilo, cambiar tu nombre y seguir adelante. Su renacer les ha sentado de lujo a la hora de pasar página y seguir haciendo lo que más les gusta.

Como resumen final, en el fondo, tenía sentimientos encontrados antes de entrar a la sala Caracol, a la que no iba desde hacía un tiempo; un sabor agridulce. Allí vi un año antes el último concierto de TENPEL (que anunciarían unos meses después su final), también vi ahí a NOTHINK en 2011, con los que ocurrió algo parecido (aunque volvieran de manera puntual para algunas fechas sueltas), pero me alegraba mucho volver a encontrarme con Juan, ver otra vez a Jorge después de tantas veces que lo hiciera con su ‘Primera Vez’, y saludar y charlar un rato con Tweety tanto tiempo después de aquellos conciertos de AVENUES & SILHOUETTES en los que se dejaban todo y la comunión con su gente era total. Junto a ellos, conocí otros tantos con un futuro esperanzador por delante, además de ver a otros cuantos músicos entre el público (gente de AVIDA DOLLARS, TRONO DE SANGRE, BONES OF MINERVA…). Quizá tienen razón VIRGEN, y la escena se transforma, al menos a ciertos niveles. Aunque siga siendo receloso a la hora de volver a creer en ella.

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