9Nota Final
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5.7

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No es ningún secreto que estamos ante el trabajo más difícil de KORN. De acuerdo, algunos tiempos tormentosos estuvieron sobre ellos a finales de los 90 y primeros de este siglo, pasando de la crudeza de sus inicios a pasajes más oscuros en ‘Issues’ y sobre todo en un infravalorado ‘Untouchables’. Tras la salida de Head posterior a la publicación de ‘Take a Look in the Mirror’ empezaron una travesía sin rumbo, con experimentaciones en algunos de sus discos, llegando incluso a proclamar su vocalista que el dubstep era el futuro (con la edición de ‘The Path of Totality’); menos mal que fue una moda pasajera, como ocurre con tantas otras, y fue otro paso más en su lucha por no estancarse.

Pero de repente, en 2013, las aguas volvieron a su cauce con el regreso de Head, y la banda hizo borrón y cuenta nueva. O antigua, mejor dicho, recuperando parte de su esencia filtrada por el paso del tiempo, con dos más que notables ‘The Paradigm Shift’ y ‘The Serenity of Suffering’ tres años después. Y cuando más brillante se presentaba el futuro, la oscuridad se volvió a adueñar de ellos. Jonathan Davis siempre ha lidiado con sus demonios interiores a través de buena parte de las letras del grupo; incluso fue un palo enorme interpretar ‘Daddy’ con motivo del vigésimo aniversario de su debut debido a lo que allí contaba. Pero la tragedia se cruzó en su camino una vez más el 17 de agosto de 2018, cuando su ex-mujer Deven Davis (madre también de dos de sus hijos, Pirate y Zeppelin), murió por una sobredosis accidental de una mezcla de cocaína, heroína y otras sustancias, después de una larga lucha contra su adicción y una enfermedad mental. Con un suceso tan marcado, era inevitable que buena parte de ese dolor se volcara en este ‘The Nothing’, que desde el título hace honor a lo que encontramos en él.

En una amplia entrevista para Kerrang! (que podéis ver aquí en vídeo; en este otro enlace, parte de ella transcrita), el propio cantante se abre (todavía más) y desvela muchos de los detalles de un álbum que recuerda a varios momentos de su carrera. KORN han sacado su trabajo más personal hasta la fecha, y han vuelto a salir ganadores después de haber perdido algo muy preciado. La parte instrumental de la banda trabajó de nuevo con Nick Raskulinecz como productor, y aunque hagan en buena parte lo de siempre, ¿qué les vamos a pedir a Head y a Munky a estas alturas? Cumplen de sobra con su cometido. Pero es la voz la que está a otro nivel; y es que Davis ha trabajado con sus propios ingenieros de confianza para sacar lo mejor de sí mismo.

La nada empieza con el final, dicho de manera ambigua y tomando el título del álbum y de la intro, con los lamentos de Davis, susurrando primero y gritando después “Why did you leave me?”, continuando esta senda después de los primeros guitarrazos de ‘You’ll Never Find Me’ y centrándose buena parte de ellos en la rabia y la impotencia, dejando la melancolía para un estribillo melódico de lo más emotivo, porque “… this is the time to break it down”. Esos terrenos sombríos se extienden en el comienzo de ‘You’ll Never Find Me’, tornándose de nuevo en la cólera de sus inicios en una segunda mitad, que incluso en su forma de terminar, recuerda a sus dos primeros discos. No dejan de lado su lado más apagado en ‘The Darkness is Revealing’, en la que Ray Luzier demuestra (como en todo el disco) que nadie echa de menos a David Silveria, y en la que repiten la fórmula de un cierre más arrollador. Si el comienzo era el final, y aunque no sea una obra conceptual como tal, aquí Jonathan empieza a ver un nuevo principio con una realidad agridulce, aunque no sepa donde ir.

Con esas premisas, tiene todavía más sentido su ‘Idiosyncrasy’ buscando un nuevo sentido a través de su forma de ser. Aunque parezca más simplona que sus antecesoras, se revela como uno de los temas más pegadizos; ojo esos coros de fondo en el estribillo, en un segundo plano (muy segundo) pero tremendamente efectivos. Con ‘The Seduction Of Indulgence’ buscan ese lado más experimental con el que coquetearon hace más de una década, y que sirve como interludio a una atmosférica y emocional ‘Finally Free’ donde entra en juego la resignación (“… Where are you now? I tried to get through to you, nothing is saving you.  How could I fail? This life betrayed you and you are finally free”); personalmente, una de mis favoritas. Es que incluso ese parón a falta de un minuto, con un corte brusco, me hace evocar el shock que se puede recibir de llevarte una hostia tan grande en la vida. Siguiendo con experimentos, no les queda nada mal ‘Can You Hear Me’, en la que la sumisión te hace ver que nunca vas a volver a ser el mismo porque estás perdido. El bajo de Fieldy truena en ‘The Ringmaster’, algo así como una conversación en primera persona consigo mismo buscando una salida, y que de nuevo recuerda a tiempos pasados… que no tienen porqué ser siempre mejores. Y es que KORN, asentados casi 25 años de su debut, están pasando un momento de gracia dentro de la desgracia; ya se sabe que no son pocos los artistas que en algunos de los peores momentos personales de sus vidas, saben transformarlos en inspiración, desahogándose en sus trabajos.

‘Gravity Of Discomfort’ cuesta algo más que las demás, tratándose de una composición algo más genérica, pero en la que todavía amagan con sacar su lado más rabioso. El lamento y la lucha interior todavía resuena en ‘H@rd3r’, muy ‘Issues’/’Untouchables’, y que se desmarca un poco de la duración de casi todas las anteriores. También ‘This Loss’, una última llamada de socorro (“… I wanna take it back, I want it, I want it”), y en la que la parte electrónica y el registro de Davis hace que te vengan a la cabeza los A7X más sinfónicos. Por último, aunque ‘Surrender to Failure’ sea una outro con todas las de la ley, tiene uno de los mensajes más claros y dolorosos, asumiendo haber fallado.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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