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Más que disfrutón este primer volumen del nuevo hombre, con sus nuevas canciones y la misma mierda de siempre. Y es que el proyecto de Nergal junto a John Porter ya vio su puesta de largo en la primavera de 2017, y justo tres años después, se ha visto continuado… sin Porter. Hubo algunas presentaciones en vivo, pero poco más de un año después de la salida del álbum, el compositor polaco declaraba que “… Tarde o temprano, uno de ellos habría matado al otro. Entonces, es mejor mantenerse vivo y dividido”. Pues sí, mejor tomar caminos separados ante esa situación.

Desde el principio se vendió el sonido de esta aventura como una mezcla de Nick Cave y Johnny Cash; e incluso del Mark Lanegan más oscuro. Y sí, se vuelven a repetir esos nombres a la hora de referirnos a esta segunda obra. Con matices. ¿Qué hacer cuando te falta la mitad del grupo? (Claro, que siendo dos…) ¿Reinventarse? ¿Rearmarse? Acompañado por Lukasz Kumanski (batería, percusiones, coros), Matteo Bassoli (bajo, coros, sintes) y Sasha Boole (guitarra, banjo y… ¡arpa de boca!) (he tenido que ir a los créditos de la propia edición física para saber quiénes han grabado la instrumentación, porque en la red era más complicado), Nergal buscó mucha más compañía todavía, con una plantilla de invitados que dentro del estilo que practica, ha conseguido que cada uno le dé su toque personal a cada canción; y lo que es más importante, el polaco cede el protagonismo a cada uno de ellos. Si además lo apoyas de un buen material audiovisual, esta propuesta entra más por los ojos, con hasta seis videoclips como aperitivo a la salida del álbum (vamos, prácticamente la mitad del mismo).

Empezaría con las animaciones de ‘Burning Churches’, junto al británico Mat McNerney, en un medio tiempo folk enfocado como un sermón… y que funcionaba a las mil maravillas. Una curiosa manera de recordar eventos pasados de la mano de una especie de Batman Satánico, pero también recientes, apareciendo Notre Dame. Mucho más oscura e íntima se mostraba ‘Surrender’, rozando el gospel con sus voces, y en la que aparecen el sueco Dead Soul y Rob Caggiano, guitarrista de VOLBEAT. Nergal dejó los invitados de lado para ‘Męstwo’, una pieza de lo más melancólica en la que el compositor toma su lengua materna para tocarnos la fibra… aunque no le entendamos. Pero los retomó con ‘By The River’, una canción muy desértica y con un aire sureño en la que Ihsahn toma la voz cantante, y de paso, toca la guitarra. Una de las múltiples maravillas que encierra un álbum con un montón de cosas por descubrir.

Por último, la misma semana de salida, creo que de manera poco acertada, se desvelaba la colaboración de Niklas Kvarforth de SHINING (los suecos); ‘Confession‘ era una especie de réquiem que en su último minuto se acercaba al sonido de la banda madre de ambos artistas, y que escuchado en el conjunto del álbum, hubiera sorprendido más. Mucho antes que todos ellos, en diciembre del pasado 2019, Napalm Records ya había adelantado la apertura del álbum junto a Jørgen Munkeby de SHINING (los noruegos), con un corto que doblaba la duración de ‘Run With the Devil‘, y que bien podría haber firmado Tarantino. Musicalmente más movida que cualquiera de las demás, y claro está, con el saxo del invitado en cuestión. Por delante, menos de la mitad de temas restantes, pero igualmente interesantes y con cositas que decir.

Otro noruego, Sivert Høyem (de MADRUGADA), canta en una atrapante ‘Coming Home’; de esas canciones simples en apariencia, pero con mucho mundo interior (especialmente su sentido último minuto). Puro western y música de cabaret es lo que nos trae el matrimonio formado por Johanna Sadonis y NIcke Anderson (pareja también en LUCIFER), con ambos manteniendo una conversación musical (repartiéndose cada uno dos estrofas), además de Nicke en la labor de guitarra solista. Es otro de esos momentos brillantes que se te quedan grabados desde el principio… y no son pocos. Puede que el mayor punto a favor de ‘New Man, New Songs, Same Shit’ sea la facilidad con la que se deja escuchar, con canciones cortas en su mayoría y sencillas de asimilar desde el principio. Puede que justo, la que se salga de esos parámetros sea ‘Man of the Cross’ de Jérôme Reuter de ROME (cuya existencia desconocía), una canción que reincide en esa ambientación lúgubre y tenebrosa (la que más de todo el disco) y que seguramente sea la composición más complicada de encajar.

Después de ese pozo de oscuridad, la voz de Matt Heafy de TRIVIUM es como una luz a la que seguir. Y es que ojo lo bien que le queda la desnudez de su registro, aislado de cualquier tipo de distorsión y velocidad. Una de las grandes sorpresas, sin duda. Por último, Corey Taylor canta en ‘How Come?’, que se podría calificar como… ¿épica? Es otro tema en el que se desmarcan un poco de todo lo que habían presentado hasta ese momento, con más instrumentación, pero que les ha quedado redondo; incluida la propia voz de Corey, a la que además acompaña de nuevo Caggiano en el solo de guitarra central… ¡y Brent Hinds de MASTODON en otro cerca del final! Plantel de lujo.

Como decía antes, la sorpresa de ‘Confession’ para cerrar se destapó antes de la salida del trabajo completo, pero no quita que nos encontremos ante un disco que a cualquier amante del rock de corte más clásico, retro y de manera íntima, debería de agradar escuchar.

Sobre El Autor

Varo

Tras más de una década escribiendo, después de estar en los inicios de Metal4all en 2003, y pasar siete años en TheMetalCircus, me aventuro en septiembre de 2014 en mi propia MiradAlternativa.

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